TRANSEI CO O MEU PATRÃO NA SALA DELE

TRANSEI CO O MEU PATRÃO NA SALA DELE

Cafetão

Meu nome é Jéssica e eu comecei no meu novo emprego há, mais ou menos, 3 semanas. Eu estava realmente precisando da grana, então não me importava de ter que pegar duas conduções pra chegar. Meu patrão era muito gentil comigo e às vezes me elogiava, fosse pelo meu trabalho ou por causa da minha aparência.

Numa segunda, eu decidi ir de saia para o trabalho e percebi que ele estava me olhando mais do que o normal. Quando ele anunciou que ia ter uma reunião, eu me ofereci pra sair ou pra servir café mais tarde, pra quem pudesse aparecer pela sala. Meu patrão disse que eu não precisava, porque a reunião seria comigo.

Ele trancou a porta e começou a me encurralar na parede. Eu nem resisti, porque o homem era bonito demais. Tinha quase 1,80m de altura e umas mãos enormes que me apertavam em todo o canto. Ele tirou minha saia rapidamente e disse que estava louquinho de tesão por causa dela.

Me virou de costas, me empurrou na parede e eu ouvi o barulho do cinto. Antes de tirar a calça, ele bateu na minha bunda com força e eu gemi. Com ele não tinha conversa, era isso ou nada. Depois de uns cinco minutos que ele me beijava no pescoço e enfiava os dedos na minha buceta, ele meteu o pau em mim.

Precisei me controlar pra não gemer muito alto, até porque algém podia ouvir do outro lado. Estava me sentindo uma puta por causa daquilo, mas não liguei. Eu rebolava no pau dele com vontade, já fazia um bom tempo que não transava e, quem sabe, daquele jeito eu não ganhava um aumento?

Quando parei pra pensar que transei com meu patrão, eu só consegui ficar mais excitada. Ele nem demorou muito pra gozar, soltou muita porra dentro de mim e ainda disse que eu era gostosa e que queria mais reuniões daquela ao longo da semana.

Hoje, a gente sempre marca de transar na sala dele. Derruba papel, deixa marca na mesa e ele nem parece ligar se alguém vai descobrir ou não.

La lavadora.

Bibi-Putinha
Quiero contaros algo que pasó hace unos seis meses y que acabó convirtiéndose en un nuevo hobby para mí: encontrar cosas aquí en casa que necesiten reparación. Cuando no lo encuentro, los rompo yo mismo, solo para solicitar la visita del técnico.
¿Locura? De ninguna manera. Y les diré en detalle por qué esto es tan divertido ahora. Todo comenzó cuando mi novio necesitaba hacer un viaje de negocios a otro estado y estuvo fuera por casi 20 días. La noche anterior a su viaje estaba loca por follar, ya que, por primera vez, iba a estar sin palo durante tanto tiempo.
Después de ayudarlo a preparar sus maletas, lo arrastré a la cama e hice todo lo posible para que se metiera conmigo, pero el pobre estaba tan cansado del trabajo que su polla no reaccionó en absoluto. Además, tendría que tomar el avión al amanecer. Sentí pena por él y lo dejé dormir, a pesar de que mi coño estaba parpadeando con tantas ganas de dar.
Por la mañana, después de que ya había viajado, tomé mi vibrador y pasé varios minutos jugando con mi coño, y me quedé dormido.
Un rato después me desperté, me levanté y fui a darme una ducha. Mientras me vestía, no pude evitar verme en el espejo. “Estás muy caliente, Bibi”, pensé mientras miraba mi cuerpo, todo suave y aún duro, mis pechos enormes pero muy firmes, necesitando poca ayuda de mis sostenes para mantenerlos erguidos.
Pasé unos buenos minutos saliendo en el espejo. Observé mis piernas, mis muslos, mi trasero tan elogiado por mis amigos en el gimnasio, y mi coño todo afeitado y suave, sin ningún pelaje que obstaculizara mi diversión con mi novio.
“Sí, Bibi … ¿quién se va a encargar de ese coño todo el tiempo, eh?”, Pensé y me reí, mientras trenzaba mi naturalmente largo cabello negro. Me encantan las trenzas en mi cabello, porque mi novio me dice que parezco una niña inocente.

  • ¡Vamos … es hora de encargarse de este lío! – me dije y terminé de vestirme. Había tanto que hacer en casa ese día y ya no podía posponer esas tareas. Primero me ocuparía de la pila de ropa sucia que se amontonaba en el piso de la lavandería.
    Encendí el estéreo y comencé a lavar la ropa. Mi intención era terminarlos pronto y preparar el almuerzo, ya que iba a invitar a un amigo a almorzar conmigo. Sin embargo, mis planes no saldrían según lo planeado. A mitad de la lavandería, la lavadora se averió y el agua goteó por todas partes.
  • Bucetaaaaaaa … esos muy amargos !!! – Solté esta inocente maldición y deseé que mi novio estuviera en casa, porque en estos incidentes siempre es él quien llama al técnico o lo resuelve él mismo. “¡Qué hermosa manera de empezar el día!”, Me quejé, sin saber lo que aún me esperaba.
    Me conecté a Internet y comencé a buscar teléfonos de técnicos que repararan lavadoras. No me tomó mucho tiempo y encontré uno que no estaba lejos de nuestro vecindario. Llamé y el hombre fue muy atento conmigo. En ese momento se ofreció a visitarme y yo estaba muy feliz, porque realmente era del tipo “marido en casa”.
    Unos veinte minutos después alguien llamó a la puerta y la abrí.
  • Buenos días, señora … ¡Soy el técnico que pidió! – habló el hombre y vi que era joven, de unos 30 años, más o menos. Guau !!! Llevaba jeans ajustados y una camiseta sudada, mostrando bien los músculos del brazo y el pecho.
  • Sí … ¡espera un minuto, por favor! – dije y cerré la puerta rápidamente, ya que necesitaba al menos poner un sostén debajo de la gastada blusa que llevaba. Y luego vino el problema. No encontré un solo sostén limpio, y los que no estaban sucios estaban mojados en la lavadora.
    No tuve elección. Regresé a la puerta y tuve que encontrarme con el chico tal como era: una camisa vieja y gastada y unos pantalones cortos tan cortos que cualquier hombre babearía.
  • Pasa … por favor … ¿cómo te llamas? – dije y he visto los ojos del técnico directamente en mis pechos.
  • Paulo, señora … ¡mi nombre es Paulo! – dijo y entró. Fui frente a él a la lavandería y tuve la impresión de que me estaba comiendo el culo con los ojos. Me sentí muy incómodo al caminar frente a un hombre vestido como yo. Pero al mismo tiempo sentí que mi coño mojaba la parte inferior de mis bragas.
  • Hmm … Solo necesito ir en el auto a buscar algunas herramientas … ¡Vuelvo enseguida, señora! – habló Paulo después de examinar la máquina.
  • Está bien … adelante … ¡Me quedaré aquí esperando! – le respondí y me quedé en la lavandería mientras él iba a buscar lo que necesitaba para realizar la reparación.
    Después de que el técnico se fue tuve que acariciar mi coño, ya que estaba loca por sentir un palo en su interior. Guau !! Nunca había traicionado a mi marido, pero la lujuria nos conmueve demasiado. Ya estaba pensando en follarme con ese chico fuerte y oliendo a sudor.

Pero yo no iba a hacer eso. No era justo que mi marido viajara y que yo le pusiera la bocina, y precisamente con el técnico de la lavadora. Iba a mirar su cuerpo caliente y luego masturbarme deliciosamente con mi vibrador.

  • Doña … estoy de vuelta! – anunció el técnico y volvió a reunirse conmigo en la lavandería. – ¡Probablemente sea algo muy simple y no me llevará mucho tiempo arreglarlo! – añadió. Y me quedé allí mirándolo trabajar, imaginando que cuanto más me acercara a ese macho cachondo, más caliente estaría mi siririca.
  • Paulo, ¿te gustaría beber agua, jugo? Le pregunté detrás de él, casi tocando mis pechos en su espalda. En ese momento estaba empujando la máquina lejos de la pared y la tubería estalló, arrojando una enorme cantidad de agua sobre los dos.
  • Dios … lo siento, señora … lo siento !! – Se levantó apresuradamente y, muy desconcertado, finalmente logró cerrar el agua. Sin embargo, cuando se volvió hacia mí, se quedó completamente sin habla, con los ojos muy abiertos y la boca abierta.
    Guau !! Fue en ese momento que me di cuenta de que mi camiseta estaba tan mojada que era completamente transparente, y los pezones de mis senos eran visibles y puntiagudos.
  • ¡¡Mi deussssss … !! – dije asustado y bajé la cabeza. Mi rostro se quebró de vergüenza y humillación.

Inmediatamente tomé mis manos sobre mis pechos para cubrirlos y traté de salir de la ropa.

  • Te traeré una toalla … y-¡y-espera un minuto! – dije, sin el coraje de mirar hacia arriba y enfrentar a Paulo. Y fue en ese momento que vi el volumen que su polla hacía en sus pantalones.
    Se dio cuenta de que estaba mirando su polla y me tomó del brazo.
  • No hace falta que se vaya, señora … ¡déjeme ver un poco más! – dijo, decidió.
  • ¿¡¿Qué?!? Dije y lo solté, mirándolo directamente a los ojos. – ¡No soy ese tipo de mujer, muchacho!
    Cuando le dije que se volvió hacia la máquina una y otra vez se disculpó. Qué situación tan embarazosa. Más de cinco años de matrimonio y ningún otro hombre había visto mis pechos así, solo mi esposo. Y ahora el técnico los había visto, y tenía su polla tan dura como una barra de hierro, con ganas de empujarla por todas partes.
    No resistí. ¡Veinte días sin un palo en el coño! ¿Qué mujer puede soportarlo? Me acerqué a Paulo por detrás y lo abracé por la cintura, frotando mis pechos en su espalda. Luego llevé mi mano a su polla y la sentí muy dura y gruesa.
  • ¿Estabas siendo amable o realmente viste algo que te gustó? Pregunté en voz baja. Se puso de pie durante unos segundos y luego puso su mano sobre la mía, haciéndome sentir toda la longitud de su polla.
  • Creo que eso responde a tu pregunta, ¿no? – dijo el bastardo.
  • ¡Ven aca! – dije y Paulo se volteó hacia mí, mirando fijamente mis pechos, completamente visibles en mi camiseta totalmente mojada y transparente.
  • ¡Qué bonitos pechos, señora …! – Habló y puso ambas manos, acariciando levemente el puchero.
  • ¡Ohhhhhhhhhhhh …!
  • Mmmmmmm … ¿te gusta, señora?
  • Símmm … ¡Me encanta que me toquen los pechos, Paulo! – dije, toda emocionada y con mi coño babeando en el fondo de mis bragas.
  • Inmediatamente se inclinó y comenzó a chupar los pezones de mis pechos sobre mi camisa. ¡Mi deussss! ¡Qué delicia! Empecé a gemir locamente. Mientras chupaba un pecho, su mano masajeaba y apretaba el otro.
  • Chupaaaaaaa … bastardo … chupa y chupa delicioso … ahhhhhhhhh … !! Gemí y lo sujeté con fuerza por la nuca, hundiendo su rostro en mis pechos. Mis pezones siempre han sido una de las partes más sensibles de mi cuerpo y compite incluso con mi clítoris. A menudo vengo sola con mi marido chupándome los pechos.
  • Ahhhhhhhhhh … eso, chico … chupa esos pechos … querías chuparlos, ¿no? … ahora chupa !! – dije y Paulo realmente me chupó los pechos, a pesar de que estaba sobre mi camisa. Sentí una descarga eléctrica atravesar mi cuerpo, yendo hacia mi coño. Mi orgasmo no iba a durar mucho.
  • Dejé que el técnico me chupara un poco más los senos y disfruté de las deliciosas sensaciones de placer que recorrían mi cuerpo. De repente me deshice de él y me puse desesperado en sus pantalones, tratando de desabrocharle el cinturón y abrirlo rápidamente. Quería ver su polla. Quería ese rollo en mi boca, que babeara mucho sobre él.
  • Estaba tan ocupada con los pantalones de Paulo que no me di cuenta de que estaba tratando de quitarme la camisa. De repente perdió la paciencia y la rompió por completo, lo cual no fue difícil, ya que era una blusa vieja y todo desteñida.
  • Ohhhhhhhhh … caralhooooo … que bonitos pechos, señora! – murmuró cuando mis pechos finalmente estuvieron libres.
  • Puedes hacer lo que quieras con ellos, chico … pero primero quítate esos malditos pantalones … que cosa tan complicada … déjame chupar esta polla … déjame probarla! – dije riendo.
  • Paulo no perdió el tiempo y rápidamente se desabotonó los jeans, bajando con su ropa interior.
  • Vaya … ¡qué cosa tan hermosa! – dije todo travieso cuando su polla saltó, dura, gruesa y un poco más grande que la de mi marido.
  • El técnico se limitó a sonreír y me miró, mientras yo me inclinaba frente a él y, con una mano, lo sostenía justo en el medio de la polla y le daba un pequeño apretón. El pobre gimió y sentí que le temblaban las piernas.
  • Déjame chupar esta polla … déjame … déjame meterlo todo en mi boca !! – dije y comencé a darle besos en la cabeza de su polla.
  • Ahhhhhhhhhhh … ¡qué boca tan deliciosa, señora …!
  • Bibi … ¡llámame Bibi! – dije y caí sobre su polla, tragando casi de una vez. En segundos me agarró por el pescuezo y comenzó a follarme la boca, forzando la polla más y más profundamente en mi garganta.
  • ¡Que locura! Mi marido viajando y yo chupando la polla del entrenador. Pero preferí no pensar en eso, y comencé a jugar con los testículos de Paulo mientras él gemía de desesperación cuando sintió mi boca babeando sobre su polla.
  • Aaaah Bibi … delíciaaaaa … que gostosoooo … chupaaaa … issoooo … ahhhhhhhhhh …! – habló el pobre y me sujetó firmemente por la cabeza.
  • Mientras me metía el palo en la boca, usé mis manos para acariciar y jugar con los pezones de mis senos. Paulo notó esto y de repente me sacó el palo de la boca, y ya me imaginaba lo que quería. Sin mostrar ninguna reacción, dejé que se levantara y me sentara en una silla junto a la lavadora.
  • Después de chuparme un poco más los pechos, se corrió e insertó la polla en medio de mis pechos. El bastardo quería una española, cosa que mi marido rara vez pedía. Sostuve y apreté ambos pechos con fuerza, apretando su polla con fuerza, mientras él hacía un delicioso ir y venir. Me encantaba verlo follar mis tetas.
  • Además de sujetar y apretar mis pechos, me acerqué a mi boca, y con eso traté de agarrar la cabeza de su polla mientras seguía volviéndose loco.
  • Mmmmmmmm … te gusta mucho chupar pollas, ¿no, Bibi? preguntó entre gemidos.
  • Guau !! Esa picardía estaba demasiado caliente. Seguía pegándose a mis pechos y los apreté con fuerza, con la boca abierta. De vez en cuando salía de mis pechos y me metía la polla casi hasta la garganta. Ya estaba esperando que se corriera sobre mis pechos cuando me tomó de la mano y me hizo levantarme de nuevo.
  • En segundos me tomó en sus brazos y me colocó encima de la lavadora. Pensé que era tan hermoso porque era la primera vez que un hombre me iba a comer así. Ya le había dado mi coño por muchas cosas, menos que una lavadora.
  • Después de besar mi boca comenzó a lamer y besar mi vientre, trazando una línea y bajando hasta mi coño afeitado. Cuando metió su dedo en mi coño, estaba tan húmedo que hizo un pequeño ruido de “plop, plop”. ¡Qué delicia! ¡Qué delicioso juego de seducción!

Me eché hacia atrás y le abrí las piernas.

  • Ohhhhhhhhhhh … Paulo … chúpala, chico … chúpale este coño … necesita atención … ¿no ves? – dije, entre gemidos. Simplemente miró hacia arriba y nuestras miradas se encontraron. Intercambiamos sonrisas traviesas, de dos personas que sabían exactamente lo que estaban haciendo.
    Me estremecí cuando empezó a lamer mi clítoris y seguí metiendo los dedos profundamente en mi coño.
  • Uhhhhhhhh … qué loco … mi deusssss … qué delicioso … chupa, chico … chupa … ccc-chupa muy sabroso ella … ama la boca … sabía que amaba ser chupado? … ohhhhhhhhh … mi marido me va a matar … !! – dije y solté un grito de placer.
    Me corrí en la boca del entrenador. Dejé su boca toda manchada con mi coño. Y los cabrones no querían dejar de chupar. Estaba tirado encima de la lavadora, gimiendo y pidiéndole que me lamiera. Era tan bueno que seguí apretando los picos de mis senos e intentando a toda costa chuparlos yo misma.
  • Maldito bastardo … te gusta chupar el coño de una mujer casada, ¿no? – dije y jalé a Paulo del cabello, haciéndolo pararse entre mis piernas. Le di un beso en la boca, en la lengua, esas muy húmedas, y pude saborear mi coño en su boca.
  • Chupas tan bien, Paulo … pero ahora quiero sentir tu polla dentro de mí … justo dentro … ¿ok? – dije, me bajé de la lavadora y me quedé de espaldas a él, con el trasero bien levantado y apoyado en la máquina. Se acercó por detrás de mí, sin prisa, y empezó a besarme la nuca y a abofetearme el trasero.
    Cerré los ojos y gemí de placer. Después de años de matrimonio, finalmente iba a sentir otra polla dentro de mi coño. Y no me preocupé en absoluto. Sabía que era un riesgo, ya que tengo vecinos muy cotilleos, pero lo pensaría más tarde.
    Sentí a Paulo abrir una de las bandas en mi culo y encajar la cabeza de la polla en la entrada de mi codicioso coño. Levanté un poco más y él lo empujó hacia adentro, deslizándolo deliciosamente dentro de mí, sin condón, como lo hace mi esposo.
  • Ahhhhhhhhhhh … que delicia … que pito tan rico … mételo hondo … si … oh chico … deussss … que delicia … ahhhhhhh …! – dije cuando me abrazó fuerte por la cintura y empezó a meterse muy rápido y más y más profundo. Mantente de puntillas, totalmente erguido, entregado a ese macho travieso y sabroso.
  • Te gusta la polla, ¿no? … ¡¡Te gusta la polla !! – Habló y me castigó con voluntad. Además de golpear muy fuerte, me dio una palmada en el trasero y luego envolvió mi trenza en una mano, usándola como rienda. En ese momento vi que estaba realmente perdido.
  • Llámame Bibi .. llámame Bibi, joder … habla en mi oído … di mi nombre … ahhhhhhhhhh … llámame por mi nombre … ohhhhhh … me voy a correr … deussssss … me voy a correr … !! – Me agarré a la lavadora con todas mis fuerzas y él susurró mi nombre unas cuatro veces en mi oído. Tuve un orgasmo súper delicioso.
  • ¡¡Ahora voy a correrte en tu coño caliente, Bibi … !! – anunció y sintió su polla más dura y gruesa.
  • Noooo … ven en mi cara … déjame verte venir en mi cara, bastardo …! – dije y me agaché frente a él nuevamente.
    Paulo solo tuvo que pinchar su polla otros cinco segundos y la follada llegó en chorros muy fuertes, como un misil.
  • Ohhhhhhhhh … que delicia … disfruta, chico … disfruta muy sabroso en mi cara sucia! – dije mientras su polla escupía semen en mi boca, nariz, ojos y cabello.
    Agarré su polla y chupé todo el esperma que aún estaba saliendo, y el pobre se puso tan débil que tuvo que sentarse en el suelo para no caerse.
  • Me voy a dar una ducha y te dejaré trabajar … ¡Creo que ya me he metido demasiado en tu camino, Paulo! – le dije, le di un beso en la boca y corrí al baño.
    Cuando salí de la ducha, Paulo me estaba esperando con la factura de reparación de la máquina.
  • Muchas gracias por la reparación … ¡Tengo la impresión de que esta lavadora necesitará algunos ajustes más en unos días! – dije y le sonreí, quien regresó. Luego me dio otro beso en la boca y se fue.
    Después de eso rompí intencionalmente varias cosas aquí en casa, solo para que Paulo viniera a arreglarme y me comiera de nuevo, muy sabroso, como lo hizo la primera vez. Ahora vivo loco siempre preguntándome qué necesita más reparación aquí en casa.

O ANTENISTA e a DONA DE CASA

FábioMacaé

Meu nome é Fabio e sou Antenista, moro na cidade de Macaé localizado no litoral norte do estado do Rio de Janeiro, tenho 40 anos e pelo sucesso que faço com as mulheres, mesmo não sendo nenhum galã, acredito que tem haver com minha simpatia, educação e minha facilidade de conversar e fazer amigos.
Em uma manhã de quarta-feira meu celular toca e era mais uma futura cliente pedindo orçamento, seu nome era dona Estela. Visita agendada, parti no dia seguinte ao endereço indicado e para minha surpresa, havia muita coisa pra se fazer, pois, dona Estela queria que eu removesse todos os antigos cabos das paredes, abrisse novos pontos pela enorme casa que morava e fosse intermediador em sua assinatura máster com a operadora de tv a cabo, alegando que não suportava perder tempo no telefone com as atendentes “chatas” destas empresas.
O serviço duraria pelo menos umas 2 semanas inteiras pra ser concluído, passei o orçamento e que após aprovação, iniciei as atividades logo no primeiro da semana seguinte.
Ao chegar lá, fui recebido pela empregada da casa, logo, apareceu seu Rogério, marido de dona Estela me cumprimentou apressadamente e pediu que eu ficasse a vontade, logo saiu para o trabalho. Estava substituindo os cabos dos cômodos até que em dado momento apareceu Estela vestindo aqueles conjuntinhos de dormir estampados de tecido fininho e dava pra perceber suas belas curvas, me cumprimentou e seguiu por um corredor e eu continuei fazendo meu trabalho. Não pude resistir a olhar para sua bunda quando ela seguia de costas para mim e que delícia, apesar de ser uma mulher acima de 50 anos, ela era um espetáculo, além de ter uns cabelos grandes quase sobre o bumbum, loiros e muito cheirosos, mas, logo depois de me deliciar com a cena, fui seguindo com as atividades.
Já no dia seguinte, quando estava em um dos cômodos, dona Estela me chama e me leva até um último quartinho que tinha no fundo da casa e me fala assim:
– Fabinho… Quero que especialmente nesse quarto, o pacote de canais seja aquele completo, entende o que estou falando?
– Desculpe dona Estela, mas, como assim, será diferente dos demais?
– Sim, quero que haja neste quarto acesso a aqueles “filmezinhos” que mexem com a imaginação da gente, filmes adultos de conteúdo erótico, captou?
– Ah claro, pode deixar dona Estela, estarei providenciando.
– Quero transformar esse quarto em um espaço para brincadeirinhas com o Rogério, ele anda muito “desanimado” ultimamente.
Os dias foram se passando e já perto de entregar o serviço concluído, dona Estela me aparece com um shortinho branco transparente, por baixo um biquíni da mesma cor, chapéu de palha com abas largas, óculos de sol e disse que a empregada havia faltado e que ela iria cuidar do almoço na hora certa (como ficava lá o dia inteiro, almoçava sempre na cozinha deles), no entanto, ela estaria na piscina se eu precisasse de alguma coisa, era só chamá-la.
Estava exatamente no tal quartinho abrindo um ponto para passagem do cabo e quando olhei pela janela pude ver dona Estela tirando o shortinho e sentando-se em uma cadeira de piscina e iniciando a leitura de uma revista, o corpo dela tinha lá suas imperfeições, mas, o que nada impedia de ser ainda muito sexy e mexer demais com minha imaginação, o vidro fumê da janela me ocultava e eu fiquei ali por longos minutos observando aquela delícia, que depois de largar a revista, forrou uma toalha na espreguiçadeira e deitou-se com o bumbum para o alto, só que levemente ela puxou a parte debaixo do biquíni pra dentro do bumbum, bem socadinho, certamente para deixar uma marquinha de sol que iria deixar seu Rogério maluco.
Fazia um pouco do trabalho e logo ia à janela espiar, pude vê-la em diversas posições e uma coisa que me chamou bastante a atenção eram seus seios grandes, muito bonitos, brancos e salientes, pareciam que iam saltar da parte de cima do biquíni.
Chegada a hora do almoço, dona Estela me colocou sentado em uma cadeira junto a mesinha da cozinha e de costas pra mim começou a organizar meu almoço no fogão, bem certo que ela havia se esquecido de tirar o biquíni de dentro do seu bumbum, pois, vestiu o short por cima e de tão justo, dava pra ver aquela delícia totalmente “mordidinho” por aquele bumbum maravilhoso, e é claro que eu me deliciava com a cena e quando ela se virava fingia nada ver.
Trabalhei esse período na casa dela, entreguei o serviço e lamentei para mim mesmo, poxa vida, que pena que nunca mais vou ver aquela gostosa de novo, até que um dia meu telefone toca novamente e era dona Estela me pedindo pra passar na casa dela pois tinha uma parte do serviço que fiz que não estava funcionando direito, dei uma apertada na agenda e fui no mesmo dia lá verificar.
Quando cheguei lá, ela estava vestida com um shortinho de lycra preto e um top branco, tipo roupa de ginástica, aquelas meias brancas caneladas e tênis, quando se virou e foi a minha frente para mostrar onde havia o problema, pude verificar que estava usando uma calcinha totalmente atoladinha no rabo e eu já comecei a fantasiar e a pensar de como devia ser bom cheirar aquele rabo, devia ser muito cheirosa de tudo, etc.
Para minha surpresa, ela me direcionou ao “quartinho especial” e depois de entrarmos eu perguntei:
– O que houve aqui? Qual o problema? (aparentemente não havia nada de errado, por isso a pergunta).
– Ah Fabinho, você lembra que eu pedi pra você colocar aqui aquele pacote completo com filmes eróticos e que queria transformar esse quartinho em um local especial pra eu ficar com o Rogério?.
– Sim claro que me lembro.
– Pois é, o aparelho está funcionando perfeitamente, o sinal e a imagem são ótimos, porém, o Rogério não está “dando conta do recado” como eu pensei que iria, será que tem alguma coisa haver com a posição da tv, ou desse sofá, sei lá…
Diante daquela pergunta inusitada, eu fiquei por alguns segundo sem conseguir falar nada e dona Estela prosseguiu…
– Quer ver uma coisa? Espere um pouco que já volto.
Fiquei com a cabeça cheia de interrogações e me sentei em uma poltrona bem confortável que tinha nesse quartinho e fiquei aguardando.
– Aqui Fabinho, trouxe o Rogério pra cá, servi um drink pra ele, liguei a tv coloquei em um filme super picante, vesti isso aqui pra ele, dancei sensualmente e por fim…
Dona Estela fez aquele gesto que aponta o polegar pra baixo para mostrar que Rogério não tinha ficado excitado com nada daquilo e que acabou não tendo nada com ela na noite passada.
– Bom dona Estela, pelo que a senhora está me falando, não há nada de errado com o meu serviço, parece que o Rogério é quem está apresentando problemas, talvez umas férias do trabalho, sei lá…
– Fabinho, desculpa eu te fazer perder tempo assim, mas, preciso de uma opinião masculina e pelo tempo que fixou aqui em casa já te vejo com uma pessoa chegada, confiável e preciso saber o que há de errado afinal, porque o Rogério não tá conseguindo?
– Não vejo nada de errado dona Estela, nem com o quarto, nem com o serviço de tv, nem com essas roupinhas que a senhora usou no dia e nem tão pouco com a senhora, o Rogério deve procurar um médio sei lá, existe tratamento para isso.
– Desculpe Fabinho, você acha mesmo essas coisas? Não há nada de errado comigo? Como pode afirmar isso?
– Dona Estela a senhora é uma mulher linda, elegante, fina, cheirosa e tem um corpo sensacional, vestida com essas coisinhas aqui (peguei na mão o que era uma tanguinha, soutien, espartilho, meia fina… tudo na cor branca e uma fita de cetim com uma rosa bordada) e a propósito, o que é isso aqui?
– Ah isso se coloca como um colar para finalizar o conjunto, é bastante sexy também. Vai dizer que nunca viu isso?
– As outras coisas eu já vi, mas esse aí não, mas se a senhora tá dizendo que é sexy eu acredito.
– Tô dizendo não… é sexy! Não acredita???
– Acredito porque a senhora está dizendo (risos).
– Espera um instante Fabinho, sua cara parece duvidar do que eu estou falando.
Ela pegou todas aquelas coisas e saiu do quartinho, fiquei com o coração disparado pensando, será que ela vai fazer o que eu estou pensando? Ahhhhh meu Deus, eu não sou o Rogério não, se ela me aparecer aqui vestida daquela maneira o pau sobe na hora e aí vai ser difícil esconder o tesão que sinto por ela.
Dito e feito, depois de alguns minutos lá vem dona Estela, entra no quarto, vestida daquela forma… tanguinha, espartilho, colar, meia, sapato alto e uma mascara que delineavam seus olhos, cabelos soltos, a inclinação que o salto fino do sapato dava ao corpo dela, projetava aquele razão ainda mais pro alto e ela depois de sacudir um pouco aqueles lindos cabelos loiros me perguntou:
– E aí Fabinho, é ou não é sexy o colar?
– Dona Estela, a senhora gosta de ouvir a verdade?
– Claro que sim, nua e crua, pode falar.
– Desculpe, mas, é impossível saber como o seu Rogério não ficou…. nem sei como falar!
– Assim como?
– Ahhhh dona Estela, assim, assim….
– Fala rapaz.
Peguei meu pau por cima da calça e mostrei o volume pra ela e disse:
– Assim dona Estela, bem assim como estou agora!
Ela fez uma carinha de espanto e disse:
– Nossaaaaaaaaa Fabinho, que coisa linda que você tem ai, parece um arco tenso (risos) sua mulher deve usar e abusar dessa coisa gostosa ai né não?
– Ah dona Estela, desculpe falar do seu Rogério, mas, se tem duas coisas que não consigo negar a mulher é água e pica.
– Nossaaaaaaa que maravilha saber disso…. quer dizer que é só pedir que você dá ou é exclusividade de sua mulher?
– Bom dona Estela, até aqui sempre foi exclusividade dela, mas, vendo a história da senhora acabei ficando com dó.
– Hummm com dó é? Quer dizer que no meu caso, se eu te pedisse água você me daria?
– Claro, pego agora mesmo.
– Hummm bom amigo você é… e vamos dizer que eu te pedisse pica? Você me daria também?
– Bom…. é que….
– Me daria pica ou não Fabinho? Porque é o que eu estou precisando, quero pica, você me dá a sua? Preciso dela dentro de mim e agora!
Não respondi nada a dona Estela, apenas fiz um gesto com a face de concordância, ela veio até mim, agachou-se, soltou o cinto de minha calça, abaixou a calça, cheirou meu cacete por cima da cueca, esfregou seu rosto, deu mordidinhas, e aos poucos foi tirando meu cacete de dentro da cueca e passou a chupá-lo como se nunca tivesse feito isso na vida.
Foi um dia de muito sexo gostoso, permaneci por muitos meses cuidando da dona Estela que cada dia ficava mais linda e atraente e muito criativa, pois, me aparecia com cada roupinha e para minha total surpresa, dias antes deles irem morar em outra cidade por conta do trabalho do seu Rogério, dona Estela me confidenciou que ele sabia de tudo e que todas as fodas que demos no quartinho, no banheiro, no quarto do casal e na cozinha foram filmadas com câmera oculta e que apenas quando fizemos sexo na piscina e na churrasqueira é que não tinha vídeos, me perguntou se podia levar de recordação e eu disse que sim e que se a coisa apertasse ela viria na cidade fazer umas visitinhas e assim ficamos combinados.
O melhor de tudo é que pude realmente cumprir meu lema de nunca negar água e nem pica a mulher alguma.


Me exibi e acabei fudida

Anônimo

Há dois meses me mudei para um apartamento bem bonzinho, mas infelizmente de fundos. Nas semanas seguintes após a mudança comecei a desempacotar minhas coisas e como nessa cidade faz um calor infernal fiz isso usando shortinhos que não escondiam muita coisa já que minha bunda é grande e redonda e o mesmo acontecia com os tops que só cobriam parte dos meus seios que são bem grandes. Para ser honesta gostava quando me via no espelho com essas roupas, me sentia uma vagabunda barata e isso me excitava. Para fazer o tempo passar mais rápido colocava um som e fui fazendo a arrumação enquanto dançava rebolando bastante.
Deixei para arrumar meu quarto no final e fiquei trabalhando nele uns quatro dias. No segundo dia percebi um assobio e muito curiosa fui olhar pela janela. Vi dois garotões parados na janela do apartamento em frente ao meu mas no andar de cima. Os dois me olhavam com cara de safados, quase me comendo com os olhos, percebi que eles estavam vigiando minha arrumação fazia algum tempo. Dei um sorriso sem graça e sai do quarto. Estava pronta para mudar de roupa, agora que eu tinha platéia, mas fiquei com o maior tesão de ficar me exibindo e voltei a arrumação, dançando bem provocativa sempre perto da janela. Os garotos continuaram lá o tempo todo e soltavam piadinha dizendo que iriam me fuder todinha e que me fariam de empregadinha deles e me obrigariam a chupar o pau deles. Quanto mais baixaria eles falavam mais eu me excitava. Os garotos começaram a bater punheta e diziam que em breve enfiariam seus cacetes no meu cú e na minha buceta e que eu iria implorar para que eles parassem. Fiquei nesse joguinho até acabar a arrumação do meu quarto, sempre provocando eles um pouquinho mais. No último dia, troquei de roupa com a janela aberta e deixei eles verem minha bucetinha toda raspadinha. Eles ficaram loucos e bateram uma punheta atrás da outra.
Não pretendia voltar ao joguinho, já que agora minhas férias tinham acabado e eu teria que volta ao trabalho, não sobrando muito tempo para a diversão. Assim, mantive minhas janelas fechadas para evitar dar de cara com eles. Tudo ia muito bem quando ao chagar ao meu prédio, depois de um dia exaustivo de trabalho, dei de cara com os dois garotos no hall do elevador. Fiquei chocada. Não sabia o que fazer. Aqueles caras haviam me observado durante dias e agora estavam ali, parados na minha frente com cara de quem queria alguma coisa, e eu tinha idéia do que era. Eu não era nenhuma virgem e já tinha feito coisas bem loucas, transado com desconhecidos e em lugares nada convencionais. Adorava me exibir e ver que os homens se excitavam comigo, mas fazer sacanagem com alguém do meu prédio era uma experiência que eu já conhecia e que tinha me trazido muitos problemas.
Bom, disse um oi e esperei o elevador. O mais alto dos dois se apresentou – Felipe – e ao amigo, Carlos. Perguntou se eu sabia quem eles eram e eu me fiz de desentendida. Felipe foi logo despejando que tinha me visto vestida igual a uma puta enquanto arrumava o apartamento e que sabia que eu estava querendo fuder com eles. Fiz uma cara de “Ta doido meu filho?” e fui indo em direção as escadas. Eu nunca subiria até meu apartamento pelas escadas, afinal moro no quinto andar, mas poderia pegar o elevador no primeiro e me livras dos garotos. Mas eles estavam ávidos por trepar comigo e me seguiram. Assim que passamos pela porta de incêndio, Carlos, que não tinha aberto a boca ainda, me agarrou por trás. Ameacei um grito e ele tapou minha boca com força, sussurrando no meu ouvido que eu não iria me livrar deles sem dar o que eles tinham vindo buscar. Felipe riu de um modo malicioso e veio me encarar dizendo que seu amigo era um cara muito calmo quando era obedecido, mas quando uma vagabunda não dava o que ele queria ele se tornava perigoso. Disse isso parecendo casual, mas pela forma como Carlos me apertava comecei a achar que era verdade. Carlos soltou a minha boca, me virou e me jogou contra a parede. Minhas coisas caíram no chão e Felipe pegou a minha bolsa e foi abrindo. Reagi, mandando ele largar, e levei um tapa na cara do Carlos que disse, muito zangado, que eles não eram ladrões. Eles se olharam e Felipe me mandou tirar as roupas. Fiquei roxa e não me mexi. Levei outro tapa mais forte ainda e a ameaça de um terceiro me fez começar a tirar tudo. Primeiro o blazer, depois a camisa e a calça. Fiquei de calcinha e sutiã, mas eles apontaram minha roupa íntima e tirei elas também, ficando do com o sapato de salto fino. Meus seios fartos estavam com os bicos duros, minha buceta estava toda depilada, sem um pelinho e minha calcinha molhada de tesão. Eles a pegaram e riram comentando como eu era mesmo uma vagabunda, já estava até molhadinha. Felipe saiu da escada com minhas coisas, inclusive minha roupa, enquanto Carlos começou a passar a mão pelo meu corpo, apertando e dando tapas nos meus seios e rindo a medida que eles ficavam vermelhos, falando no meu ouvido que eu era uma puta barata e que eles iriam acabar comigo. E eu cada vez mais molhada e me entregando nas mãos dos dois. Alguns minutos depois Felipe voltou e foi logo enfiando as mãos no meio das minhas pernas, rido ao ver como sua mão ficou molhada. Enfiou ela na minha boca, me fazendo chupar todos os dedos até ficar sem uma gota do meu fluido. Carlos deu um tapa na minha bunda e me mandou subir as escadas bem devagar. Fui subindo e eles vieram ao meu lado, dando tapinhas na minha bunda e nos meus seios, passando a mão entre minhas pernas e apertando-as contra minha buceta. Chegamos ao primeiro andar e eles me fizeram parar de frente para a porta e a abriram. Me encolhi para me esconder com medo de algum vizinho me ver, mas levei um tapa e uma bronca e fiquei de pé, com as mãos ao lado do corpo, como Carlos havia mandado. Eles se sentarem nos degraus e ficaram dizendo o que quando a porta se fechasse eles me obrigariam a me ajoelhar e chupar o pau deles. Passaram alguns minutos, ninguém a apareceu e eles fecharam a porta me pondo de joelhos. Os dois já estavam com o pau pra fora e duro, amos eram grande e grossos, mas o do Felipe era grande demais. Carlos me pegou pelos cabelos e foi enfiando o cacete dele na minha boca, enquanto Felipe colocou o dele na minha me indicando que queria uma punheta. Sentia as mãos do Felipe brincando com os meus seios e movimentando minha mão no pau dele enquanto eu chupava o pau de Carlos todinho, enfiando o mais fundo possível na minha boca, sugando a cabeça, fazendo movimentos de vai e vem cada vez mais rápidos controlados por ele. Quanto mais eu chupava mais duro o pau dele ficava e mais fundo ele tentava enfiar na minha boca. Ele enfiou o cacete quase e segurou minha cabeça impedindo que eu me afastasse, eu não conseguia respirar e estava ficando vermelha quando senti um jato de porra no fundo da minha boca. Ele me soltou e eu puxei o ar com força, a porra escorreu pelo canto da minha boca e antes que eu tivesse tempo de me recuperar o pau do Felipe já estava enfiando na minha boca. Chupei ele o melhor que pude, mas aquele caralho era grande demais e quase não cabia na minha boca. Chupei suas bolas, usei a língua para acariciar a cabeça, lambi todo aquele monstro e quando foi gozar ele pegou minha cabeça, me mandou abrir a boca e ficou batendo o pau na minha cara espalhando porra por todo o meu rosto e me fez engolir o que tinha caído na boca. Depois sentou no degrau ao lado de Carlos e me mandou me limpar com as mãos, lambendo para tirar a porra que tinha escorrido.
Quando acabei subimos mais um degrau, mas dessa vez eles me fizeram correr escada acima, meus peitos pulavam e meus fluidos escorriam pelas minhas pernas. Me mandaram parar no andar seguinte onde foi feito o mesmo ritual, também dessa vez ninguém apareceu. Felipe me mandou colocar uma das pernas no corrimão da escada e eu fiquei toda exposta. Carlos me imprensou por trás, apoiando meu corpo enquanto Felipe tirou seu pau pra fora, bateu uma punheta para estimular e quando ele ficou duro novamente foi enfiando na mina buceta. Eu estava bem lubrificada porque já estava com um tesão enorme mas achei que não iria entrar. Senti uma dorzinha que me fez gemer alto e eles adoraram, riram e me chamaram de puta, vadia. O pau entrou todo quando Felipe enfiou ele pra dentro com força e de novo eu gemi de dor e de prazer. Carlos passava a mão pelo meu corpo, apertava minha bunda e meus seios e eu sentia seu pau ficando cada vez mais duro dentro da calça. Felipe continuou me fudendo com força e mandava eu gemer alto e rebolar a bunda pra encaixar direito. Eu gemia e rebolava, mas não era por que ele estava mandando mas sim por que eu estava explodindo de tanto tesão e por que apesar de estar amando ser fudida por ele estava sentindo uma dor causada por aquele mastro me rompendo. Carlos agarrou meus cabelos e deu um puxão forte, virando meu rosto para ele e me dando um beijo que mais parecia um ataque. Felipe gozou e senti a porra escorrendo pelas minhas coxas. Eles inverteram as posições e Carlos enfiou seu pau na minha buceta de uma vez só, mas sem nenhum problema depois que ela foi arregaçada pelo Felipe. Rebolei e gemi da mesma forma que fiz com Felipe, muito mais por obrigação do que por prazer. Estava exausta, minhas pernas estavam fracas especialmente a que estava apoiada na escada e só me maneia em pé por que estava entre os dois. Carlos gozou e mais porra escorreu pela minha perna. Os três sentamos nos degraus por um tempo sem dizer nada, recuperando as forças.
Eles tinham um pique, que antes mesmo de eu ter me recuperado um pouquinho eles já estavam de pé me mandando subir mais um andar. Fiz isso, sem o menor animo, perguntei se eles não queriam ir pra minha casa, mas levei um tapa na bunda e eles disseram que vagabunda não dá palpite, mas que eles iriam pra minha casa sim, mas andar por andar. Percebi que aquilo seria uma maratona e resolvi tirar forças da alma para aproveitar cada momento daquela experiência. No terceiro andar eles não abriram a porta, só me fizeram bater uma punheta para eles. Eles sentados e eu ajoelhada. Demoramos muito nesse andar por que os cacetes não estavam conseguindo ficar de pé. Quando a situação estava melhorando um morador abriu a porta para colocar o lixo do dia ao pé da escada e nos pegou naquela situação. Eu fiquei petrificada, roxa, não consegui me virar, mas Carlos e Felipe riram e cumprimentaram o cara – Marcos – perguntando se ele queria se juntar a eles. Fiquei em pânico. Mais um eu não conseguiria agüentar. E que idéia aquela, no máximo o morador iria chamar a policia e mandar nos prender por atentado ao pudor. Mas ele disse que adoraria e perguntou quais as condições. Felipe riu e disse que a única condição era me fuder o máximo que ele puder do jeito que ele quiser. Marcos bateu a porta da casa e foi logo passando a mão pelo meu corpo. Me agarrou pelo cabelo e em deu um beijo na boca. Carlos ficou de pé e subimos mais uma andar, ele e Felipe foram na frente enquanto Marcos subiu me agarrando e passando a mão pelo meu corpo.
Chegamos ao quarto andar e Felipe abriu a porta me empurrando para o hall dos elevadores só para a diversão de Marcos, que ria e estava ficando excitado me vendo ali, submissa e exposta. Depois me mandou voltar e perguntou o que Marcos queria. Ele se sentou, me colocou ajoelhada com a bunda bem empinada, tirou o pau pra fora e me fez chupar. Comparado aos outros dois o pau dele era bem normal. Chupei, enfiei tudo na boca, lambi as bolas e a cabeça, enquanto Carlos e Felipe ficavam ma dando tapas na bunda, competindo quem dava o tapa que a deixava mais vermelha e rindo. Depois cuspiram nos dedos e brincaram com meu cú, rodeando ele e enfiando e tirando um dedo, depois dois e três e me fazendo rebolar nas mãos deles. Estava até me esquecendo que o pau de Marcos estava na minha boca quando ele pegou meu cabelo e me fez enfiar mais fundo. O pau foi tão fundo que me engasguei e comecei a tossir, mas ele prendeu minha cabeça mantendo todo o pau dentro dela até gozar. Depois fechou minha boca com as mãos e me fez engolir.
Subimos mais um andar e Felipe tirou a chave da minha casa do seu bolso e nos fez entrar. Ele e Carlos foram direto para o meu quarto e se jogaram na cama e de lá gritaram para Marcos se divertir comigo que eles iriam descansar. Marcos me jogou no sofá, tirou a roupa de deitou sobre mim. Lambeu meus peitos e deu mordidas nos mamilos, foi descendo até chegar a minha virilha. Quando percebeu que ela estava melada de porra parou e me mandou tomar um banho. Foi o melhor banho da minha vida, estava me sentindo suja e cansada e aquilo me deu uma injeção de animo. Voltei pra sala e ele estava me esperando com o pau duro. Deitei no sofá e abri bem as pernas pra ele enfiar o pau bem fundo, estava molhada de novo e não consegui esconder minha excitação, deixei ele me fuder, gemi, rebolei e até gozei. Quando ele se sentiu satisfeito, virou pro lado e dormiu. Fui tomar outro banho e quando olhei a hora levei um susto. Já tinha se passado três horas desde que eu cheguei ao prédio e encontrei os garotos, três horas de muito sexo, tesão e prazer.

FIQUEI EXCITADA

Anônima

Estava lendo o contos eróticos,e fiquei muito excitada com as historias,não tive  duvidas,de ligar e pedir um favor ao amigo do meu marido que trabalha no bar para me trazer um garrafa de água . Fingi que tinha chegado muito tarde do trabalho e não tive tempo de comprar.

Ele todo solicito me disse que poderia me trazer somente depois da meia noite,bom isso me deu tempo para continuar lendo os contos eróticos o que me deixou mais ainda excitada.

Quando foi aproximando o horário corri ao banheiro e tomei uma bela ducha vesti um vestido transparente e sem calçinha e aguardei ele chegar,quando a campainha tocou num leve toque minha xoxota vibrou e estava molhadinha,quando eu o vi na porta não tive duvida ,queria mesmo era dar e muito convidei-o para entrar ,ele num gesto simples entrou e me deu uma olhada de baixo para cima.

Muito excitada, fiz a vez da dona casa perguntando se havia jantado, mas ele logo disse que já havia jantado, então me sentei e cruzei as pernas  deixando  ele perceber que eu estava sem calçinha, o que deixou ele muito sem graça. Ele praticamente se levantou dizendo que precisava ir embora pois estava cansado,então como eu não podia fazer nada senão aceitar, fui acompanhar até a porta. Quando chegou na porta encostei a minha bunda no pinto dele e senti que estava duro, sem muito rodeios peguei no pinto dele e apertei e tirei para fora e chupei e disse a ele,que ele queria me comer peguei a mão dele e passei na minha xoxotinha e num esfregão ele enfiou o dedo na minha xota e disse que estava bem molhadinha,num rompante ele me encostou na parede  e me chupou toda, me colocou inclinada e me enfiou o pinto bem devagazinho como querendo me martirizar , sendo que eu queria mesmo era a pressão do vai e vem bem forte .
Ele foi fazendo até pegar o ritmo e bombando,e ele ia me dizendo sua puta você quer ser comida pois vou ter comer e rasgar você toda acabar com esse tesão todo até a sua xota ficar inchada ,eu ia me deliciando com o que me dizia até gozar muito naquela pica gostosa.

CURTO E GROSSO

Anônimo

Foi por intermédio de uma amiga que conheci Carlos, um gaúcho de 3O anos, 1,80m, fofinho mais daqueles fortinhos, coxas grossas, cabelos curtos e um pau curto e Grosso e por sinal bem cheiroso também rs .
O nosso primeiro encontro foi num barzinho, Carlos foi ficando cada vez mais alegre e safadinho.
-Acho que você esta passando da conta na cerveja, Carlos!
-Gosto muito de cerveja e ficar desinibido!

-Comigo você pode falar, a vontade, estou acostumada ouvir de tudo!
– Delícia, você é uma delícia!
Ele esticou o braço, e com a ponta do dedo indicador acariciou a minha orelha e como um risco até o V do decote da minha blusa, levou o dedo na boca, dizendo:
-Porra, você é muito mais gostosa que eu imaginava, deliciosa!
-Rs rs rs rs, muito criativo sua cantada!
-Me deu vontade de sentir o gosto de sua xaninha!
-Bem que eu disse que você já bebeu demais, está falando com a língua mole!

-A língua mole, lambe melhor a sua xaninha, e só em pensar, fiquei pronto para  arrombar seu cuzinho! GARSOM, TRÁS A CONTA!
-Já quer ir embora, Carlos?
-Sim, vou seguir seu conselho, chega de cerveja, agora tenho que comer!
-O que pretende comer, onde?
-Você, no motel, olha a situação que você me deixou! Se elogiou minha cantada, só tenho que dizer vamos!
Confessei a ele que estava muito excitada também e que queria sair dali o mais rápido possível. Carlos apenas deu um sorriso e disse que estava demorando muito para fazer o convite. Pagou a conta do bar e fomos direto para o motel mais próximo. Entramos no quarto e nos atiramos na cama, arrancando rapidamente nossas roupas.
Seu pau já estava duro como pedra, isso só aumentou o meu tesão, não via a hora de provar a competência de Carlos, a xoxota molhadinha, já escorrendo mel.
Carlos veio por cima de mim e me atacou com uma língua espetacular

Lambendo cada parte da minha xaninha quente, levando o mel na ponta da língua para o meu anel. Mandou eu ficar em pé, em cima da cama e começou a chupar .
Sugava o meu grelo como se fosse um canudinho de refrigerante, já tive vergonha de ser greluda, porém, com tantos elogios recebidos, hoje me sinto privilegiada com o tamanho do meu clitóris.
-Puta que pariu, que coisa linda, porra é muito gostoso chupar esta piroquinha de mulher, se as piriguetes descobrem que você tem um grelo deste tamanho, não vão lhe dar sossego!
-Para de falar, vai, chupa, está muito bom, humm, muito bom, uuiiii.
Parecia gay, de tanto que ele gosta de chupar, comparando com vídeos pornô, isto não foi por muito tempo em pé, mandou que deitasse, e veio com aquele pau, CURTO E GROSSO ( imagina, quase uma lata de cerveja Skol de 259ml ) babando mel salgadinho tentando introduzir em minha pequena boca, e ele não deixou meu grelo por uns cinco minutos, enquanto eu teimava em abocanhar o pau, não tinha jeito, os meus dentes arranhava a torra e ele desistiu de ser chupado (experimenta abocanhar uma latinha)
Colocou-me de quatro, e teve que recorrer a recepção para pedir KY, minha lubrificação natural e a saliva não era suficiente para escorregar aquele caralho , CURTO E GROSSO no túnel do amor, e enquanto não chegava, ele foi enfiando os dedos, alargando minha buceta.
Acho que doeu muito mais de quando perdi o cabaço, aquilo foi entrando, rasgando, chorei na pica, gritei muito, ainda bem que não tinha comprimento, ele foi carinhoso, esperou eu acostumar para lentamente iniciar o vai e vem, gozei muito, e como ele estava cheio de cerveja, custou a gozar, o que me proporcionou gozar não sei quantas vezes.
Tomamos um banho e na cama, com o pau mole consegui colocar tudo aquilo na boca, por uns poucos minutos, ele tirou, disse que os dentes estava machucando.
Chupou mais meu grelinho, muito carinhoso, confessou que nunca em toda sua vida nunca comeu um cu igual ao meu.
-Gosto muito de você, não deixo mesmo, li esta semana o relato:
“Não avisou, que era virgem no cu e ficou sem as pregas”

-E foi com uma piroquinha que qualquer formiguinha leva para o seu buraquinho.

O QUE ELAS DIZEM QUANDO ESTÃO FODENDO

Aiiii, amor!

Aiiiii, amor, me fode!

Aiiiii, amor, me fode gostoso!

Aiiiii, amor, que delícia!

Aiiiii, amor, me fode, vai!

Aiiiii, amor, me fode , vem!

Aiiiii, agora, me fode!

Aiiii, amor, tá me fodendo, tá?

Aiiii, amor, tá me fodendo!

Aiiii, amor, tá me fodendo, porra!

Aiiii, amor, me fode, porra!

Aiiii, amor, que porra, me fode!

Aiiii, amor, me fode agora!

Aiiii, amor, quero que você me fode!

Aiiii, amor, quero que você me foda!

Aiiii, amor, me enfia esse pau!

Aiiii, amor, que pau gostoso!

Aiiii, amor, não tira!

Aiiii, amor, tá gostoso!

Aiiii, caralho, que porra!

Aiii, meu amor!

Aiiii, cacete, enfia tudo!

Aiiii, filho da puta!

Aiiii, que pica gostosa!

Aiiii, enfia, jumento!

Aiiii, que  pau grosso, amor!

Aiiii, não vô aguentar.

Aiiii, para, para, para!

Aiiii, não para, não para, não para!

Aiiii, fode sua cadela, fode!

Aiiii, fode essa buceta!

Agora, amor, mete nessa buceta.

Me come gostoso!

Me come agora, vem, me fode!

Ah, como eu gosto dessa pica!

Âh, tá entrando!

Âh, tá gostoso demais!

Âh, não para que vou gozar!

Âh, tô gozando, ai, amor!

Âh, bate na minha bunda, amor!

Vem, amor, goza comigo!

Ai, caralho, que pau gostoso!

AQUELE VERÃO DE 96

Garota Oculta

Seguindo a onda de escritoras e escritores da quarentena, mais uma vez vou tentar meu regresso à vida de escritora. Explico… Comecei a escrever relatos na época longínqua do Orkut, e migrei aqui para a Casa dos Contos. Postei aqui no site apenas um conto, e tinha outros em produção, mas graças ao meu ritmo de vida, acabei por abandoná-los por um tempo. Muita coisa foi acontecendo na minha vida, e acabei perdendo/esquecendo tanto do login como da senha aqui do site. Não teve jeito, tive que fazer outro login para poder continuar postando.

Adoro escrever relatos. Não gosto de chamar esses textos de “contos”, pois são transcrições da minha vivência real, portanto a palavra “relato” encaixa-se mais ao propósito. Outra observação – os nomes que eu uso são reais, porém obviamente omito sobrenomes, e as localizações são na medida do possível imprecisas (às vezes é inevitável falar em localizações, portanto, às vezes até falo).

Meu único outro conto publicado aqui tem o título “Ainda sou a Chefe” (o link está na minha lista de favoritos). Sugiro lê-lo, pois foi um relato que fala de relação com colega de trabalho, muito gostoso tanto de escrever, quanto de relembrar…

O relato que preparei aqui fala de uma época um pouco mais distante. Tive minha infância nos anos 80, e adolescência nos anos 90. Foi entre 1995 e 2000 que tive minhas descobertas e experiências mais ousadas e inspiradoras. Acredito que possam deduzir minha idade agora. Meus pais sempre foram muito abertos quanto a sexualidade. Não tive grandes problemas com isso. Eles se conheceram nos anos 70, e acredito que essa época influenciou bastante no comportamento “cabeça aberta” deles. Minha mãe sempre teve um cuidado bacana comigo, e um comportamento digno de uma grande mulher da sua época. Nunca forçou a barra para que eu casasse virgem, com véu e grinalda (na verdade nunca casei…), e educou meu comportamento para que eu encarasse sexo como uma relação humana fisiológica, como um exercício físico e mental para ser feito com pessoas de alta confiança. Obviamente não éramos depravados em casa, mas sexo nunca foi tabu. Desde minha primeira experiência sexual, que não foi deixada em segredo com a minha mãe, fui levada ao ginecologista da família, que sempre cuidou direitinho da minha saúde e ajudou muito na minha educação sexual.

Por ter uma educação sexual bacana, minha iniciação sexual não foi traumática como com a grande maioria das meninas da época. Não houve tanta dor. Não houve trauma, desespero nem medo. Foi bem bacana, com uma pessoa incrível (com quem tenho amizade até hoje), mas não vou entrar nesse relato hoje. Aliás, relatos de “primeira vez” são tão piegas e desprovidos de erotismo para que possa interessar para um relato, que eu acredito que nunca vou contar pra ninguém como foi. É uma experiência que prefiro deixar entre eu e o felizardo (fui felizarda também)…

Mesmo com tudo isso, fiz algumas merdas, como qualquer adolescente que se preze. Mas sou grata à minha mãe por ter me conscientizado a não pôr um filho no mundo por pura imprudência.

Minha mãe é dentista (ainda trabalha), e meu pai tinha na época uma pequena produtora de vídeo, que produzia comerciais de TV para os canais locais, bem como gravações de casamentos, aniversários e afins. Ambos eram bem conhecidos na região, e graças à sólida clientela, viviam bem, e me deram muito conforto na infância e adolescência.

Quando nasci, lá no início dos anos 80, eram muito amigos de um casal uns 10 anos mais velhos que eles. Na quela época, meus pais estavam na faixa dos 20/22 anos, enquanto a tia Roberta e o tio Alfredo tinham seus 30 e pouquinhos. Minha mãe, Fátima, conheceu a tia Roberta na sala de espera do obstetra onde fizeram o pré-natal. Minha mãe grávida de mim, e a tia Roberta grávida do Bruno.

A amizade cresceu a ponto de tornarem-se quase irmãs, dado o grau de confiança que uma tinha na outra naquele momento tão lindo que é uma gravidez. Eu nasci no início do ano, em fevereiro, e bruno nasceu pouco mais de duas semanas depois. Foi inevitável – meus pais foram padrinhos do Bruno, e a tia Roberta e o tio Alfredo foram meus padrinhos. A amizade perdurou até hoje. Claro, sem nos vermos mais com tanta frequência nos dias de hoje, mas a tia Roberta é uma irmã para minha mãe até hoje.

Os dois casais tinham por hábito, todo verão desde a nossa infância nos anos 80 até meados dos anos 90, alugar uma casa no litoral norte de Santa Catarina, numa praia perto do que é hoje o Beto Carrero. Era uma casa grande de madeira, bem típica da época em Santa Catarina, pertíssimo da praia, de ondas baixinhas e água quentinha. A badalada Balneário Camboriú fica um pouco mais ao sul, mas não muito longe.

Entre 1995 e 1996, nossos amigos iam muito para as baladas em Balneário Camboriú. Tanto eu como o Bruno estávamos deslocados da nossa turma durante aquele verão. A maioria tinha apartamentos em Camboriú, Itapema e praias lá naquele reduto. Nós em Penha, mais ao norte, morrendo de saudades da galera.

Eu, pelo menos ainda pude curtir a galerinha bem no início daquele verão. Lá pra novembro/dezembro de 1995, antes do tradicional aluguel da casa que meus pais e meus padrinhos faziam todo ano, eu fiquei quase duas semanas em Balneário Camboriú na casa da Larissa, uma amiga da escola. Foram dias intensos, cheios de memórias (vou relatar alguns episódios aqui, daqui a uns dias, caso vocês queiram).

Toda manhã íamos de bicicleta até o extremo sul da praia. Lá pegávamos uma balsa, que atravessava um rio e dava acesso a outras praias da cidade, bem menos movimentadas e conhecidas. Sempre cedinho tinha uma turma de surfistas com quem fizemos amizade, e acabei entrando numa onda de “surfistinha”, com direito a tererê no cabelo, gosto musical peculiar e um namoro interrompido pelo início da minha estada em Penha, lá no norte.

Até dava pra ir de Penha pra Balneário Camboriú de ônibus, mas gastava-se cerca de 4 horas de ida, mais o mesmo de volta. Dava tanto trabalho, que tive que ficar longe do meu surfista por uns dias.

E em dezembro, lá pelo dia 15, pouco antes do natal, iniciava-se mais um verão de nossa “família buscapé”, junto com meus padrinhos e seu filho Bruno.

Bruno é um bom amigo. Não tínhamos na época aquela relação fraterna como nossas mães têm, mas ele é um dos meus melhores amigos. Um dos poucos que me chama pelo apelido “de dentro de casa”… Enquanto meus amigos me chamam de Soninha, em casa sou conhecida como Tininha. Coisa de bebê – eu tinha dificuldade de pronunciar meu nome quando pequena, eu me auto-referia como “Tininha”.

Bruno estava meio chateado como eu – também foi separado do grupo dele, e pra piorar, a namoradinha dele tava na casa dos parentes no interior de São Paulo.

Vocês, adolescentes de hoje, não viveram a época do telefonema interurbano caro, e das filas dos orelhões nas praias. A internet não se carregava no bolso como hoje, nem se pensava em smartphone. Ir para uma praia isolada naquela época aos 16 anos podia virar uma tortura se não houvesse companhia adequada.

Ao menos Bruno era um garoto querido, com quem eu tinha bastante carinho, mas a vibe dele era mais “nerd” de computadores e videogames, enquanto eu tava mais pra “surf”, atletismo e corridas na praia.

Para os nossos pais, praia naquele contexto era celebração diária. Todos os dias cedo abrindo janelas, fazendo café, som no pátio, fogo, carne… As mulheres na cozinha cortando cebola, tomate, legumes, cozinhando arroz, batata… Quando a gente é criança, isso é uma delícia. Ainda mais porque dura um mês inteiro. Mas quando adolescentes com turma e programas próprios, isso podia se tornar uma tortura depois de alguns dias.

Como eu tava naquela vibe de surfistinha, saúde, atletismo, aproveitava esse momento barulhento em casa e ia correr na praia (na real, na escola eu tava na equipe de atletismo, e adorava aquilo – torrei a paciência dos meus pais pra comprarem um “Rainha System”, que era o tênis com amortecimento mais cobiçado na época).

Tomava um copo de água bem gelada, comia uma banana, vestia meu top fitness (não existiam esses Calvin Klein e Speedo moderninhos de hoje, e pra quem tem peitão, simplesmente amassavam os seios com força. Desconfortável, mas pelo menos permitia a corrida sem “bater o peito na testa”), minha bermudinha Adidas, meu Rainha System, garrafinha d’água e ia correr das 7 até as 10 da manhã, intercalando com caminhadas.

Pessoal do resto do Brasil não imagina, mas o verão no sul é bem quente e abafado, às vezes mais quente do que o nordeste. Dez da manhã já está um sol escaldante, e eu chegava de volta da minha corrida matinal simplesmente fedorenta. Ia direto pro banho.

Uma rotina diária – abria o chuveiro quente, acho mais confortável quando venho com a pele quente. Ainda faço desse jeito no verão até hoje – vou da água bem quente baixando a temperatura até ficar refrescante, porém morno. Não gosto de banho frio, mesmo no calor. Nesse momento, com a água menos quente, eu dava uma revisada na depilação da virilha e axilas. Nos anos 90 ainda não se usava tanto a depilação zerada como hoje – nós deixávamos uma listra retinha, ou guiada pelo formato de triângulo invertido do biquíni. Eu tomava o cuidado de não deixar pelos muito altos, porque ficava molhado sob o biquíni quando mergulhava, e não era legal. Lavava bem as partes íntimas sob o chuveiro, ficava um tempão me molhando com água quente, abrindo os poros e só me ensaboava no final, fazendo espuma pelo corpo todo, enxaguando logo após com uma água um pouco mais fria. Praticamente um ritual, que me fazia muito bem.

Saía do banho refrescada, com sensação de dever cumprido após a corrida, e com meu biquíni arrumadinho pra praia do resto do dia.

Era ali entre dez e meia e onze horas que Bruno normalmente saía do quarto dele, um trapo com os cabelos desgrenhados. Todos pegavam no pé dele, principalmente o pai dele, que era muito brincalhão e espirituoso – “apareceu a margarida olê olê olá”, cantarolava às vezes o tio Alfredo, já com alguma pinga na cara.

Na primeira semana já dava pra ver que o Bruno não tava muito legal. Não estava muito de papo comigo. Conversávamos um pouco depois do almoço. Eu sempre convidava ele pra ir à praia. Posso contar nos dedos de uma mão as vezes que o Bruno topou me acompanhar na praia à tarde. Correr de manhã, nem pensar! Ficava no computador e no vídeo-game tardes e noites a fio. No ano anterior ele estava mais divertido, mas esse ano ele estava realmente mais recluso. Não era natural dele, porque embora nerd, quando jovem o Bruno era um garoto divertido.

E eu aproveitando a solidão pra pegar um bronze e observar os gatinhos da praia. Fiz amizade com a mulherada da vizinhança, e ia em grupo com ‘as tia’ tudo pra praia. Às vezes minha mãe e a tia Roberta iam também. Não era a minha turminha, mas tava me divertindo também. As véia safada de olho nos coroas, e eu de olho em todos! Rolava sempre aquela caixa de isopor com caipirinha e cerveja… ah, o verão!

Teve um dia que o Bruno acordou cedo. Tinha dormido cedo realmente, pois não ouvi os barulhos de videogame na madrugada. A casa era de madeira, e dava pra ouvir os plic-plocs eletrônicos do quarto dele.

Quando fui à cozinha tomar meu copo d’água matinal com banana, estava lá o garoto sentado comendo sucrilhos.

– Vamos correr, Bruno?

– Ah, Tininha, você sabe que eu não aguento correr nem até à esquina. E uma boa caminhada, você toparia?

– Topo, querido, vamos caminhar e respirar um ar puro da manhã, Bruno!

Minha corrida diária, naquela idade, era uma maravilha pra minha forma física. Hoje meu preparo físico ainda é bom, mas nada comparável aos meus 16/17 anos, com 10kg a menos e 100% a mais de energia pra queimar. A corrida diária era praticamente uma necessidade pra manutenção da minha saúde mental, porque esse tempo todo longe do meu boy, sem sexo, sem gastar energia a dois, era também complicado.

Comi dessa vez duas bananas. Fiquei observando o Bruno com a cara amassada comendo aquele prato de sucrilhos lentamente. Não observei antes, mas acho que ele comia aquilo todos os dias. Gosto de sucrilhos, mas acho enjoativo. Com a quantidade de açúcar e carboidrato, nem sei como Bruno era tão magrinho na juventude mesmo sedentário. Saímos mais tarde, não mais nas minhas habituais 7h, mas já era quase 8h. Descemos pela rua da nossa casa, andamos uns 100 metros até a via principal da praia, que já dava acesso em poucos metros à esquerda para a orla. Dia meio nublado, lembro que estava até mais abafado do que quando o sol brilhava forte. Não era corrida, mas o Bruno até que caminhava forte. Ele é bastante mais alto que eu, acho que uns 1,90 contra meus 1,65. No fim das contas, foi um bom exercício. Acabei não perdendo a manhã de corrida.

Estávamos pra começar o terceirão. Estudávamos na mesma escola, mas não na mesma turma. Começamos conversando sobre as provas finais do segundo ano, opções de vestibular para o próximo ano. Tínhamos o mesmo ódio pela professora de geografia, sempre tentando colocar suas opiniões políticas no meio da aula. Na caminhada de ida, conversamos muito sobre estudos, faculdade… Bruno ainda naquela viagem padrão dos adolescentes da minha época – “medicina ou direito”. Eu, talvez por influência do meu pai, não pensava apenas em faculdade. Pensava mais em algum curso técnico que pudesse me render grana mais cedo, pra depois fazer faculdade.

Na caminhada de volta, conversávamos sobre banalidades, relacionamentos e afins. O Bruno já conhecia minha fama. Num colégio conservador, menina que não fosse virgem tomava fama de vagabunda muito rapidamente. O paradoxo criado é que eu não negava, e não ligava pra isso. Talvez por isso eu não tivesse tantas amigas, e tivesse mais amigos. Enquanto eu dificilmente conversava sobre isso com minhas amigas (a Larissa era a única que me conhecia tão bem quanto Bruno), Bruno sabia de todos os garotos da escola com quem eu tinha transado naquele ano.

Bruno tava de rolo com uma menina de outra escola. Ele me contou que conheceu a Sandrinha numa locadora de vídeo-game. Eu a conhecia, tinha conversado com ela em alguma festa em que os dois estavam juntos. Ele não falava muito dela. Perguntei como estava esse rolo. Aí ele começou a desabafar. Que a Sandrinha era muito colada à família, que era difícil de convencê-la a sair de casa e ficava dando desculpas que a mãe dela não deixava, que era metida a gótica depressiva. O que eles tinham em comum era o gosto por games e rock metal. Aí no verão a Sandrinha foi pro interior de São Paulo. Foi ali que o Bruno começou a ficar mais sério:

– É, Tininha… nossa relação foi pro brejo. Confesso que não tô muito legal com isso. Conversei com ela por telefone ontem. Fiquei quase uma hora na fila do orelhão pra conversar menos de três minutos. Ela só dizia “uhum uhum”, nada de conversa. Tô triste, Tininha, não sei mais o que fazer.

– Meu, Bruno, estamos na praia, vamos aproveitar pra nos divertirmos! Foda-se a Sandrinha, desde quando vocês estão assim?

– Ah, desde novembro…

– E vocês estão juntos desde quando?

– Desde as férias de julho, quando a gente ia todos os dias na locadora.

– Tá, Bruno, o que aconteceu em novembro pra ela se transformar assim? Porque até então ela me parecia uma menina legalzinha!

– Ai, nem sei como dizer isso… é que… é que…

– Já sei! Vai dizer que só em novembro que vocês começaram a transar?

– Porra, Tininha, assim você me deixa sem graça! – disse Bruno corado de vergonha.

– Bruno, na boa, a menina linda daquele jeito e você só comeu ela quatro meses depois de começar o namoro?

– Tá, Tininha, eu não sou descolado como você… Eu era virgem… – falando agora quase chorando de vergonha. A gente tem intimidade pra esse tipo de assunto até hoje.

Eu ri. Tadinho do Bruno, o que será que teria acontecido pra Sandrinha começar a rejeitá-lo depois de transarem… E eu acho bem difícil que ela fosse virgem…

Chegamos em casa pouco depois das 10 horas. Bruno pediu pra ir ao banheiro antes. Esperei um pouco, e assim que ele saiu, parti para o meu ritual. Não estava tão fedorenta quanto as vezes que eu corria, mas também não queria dar chance de ficar malcheirosa.

Quando saí do meu banho, fui à sala de TV e deparei com o Bruno deitado no chão, apenas com uma almofada como travesseiro, desmaiado de sono, e a TV num canal passando desenho. Deitei no sofá, e adormeci também.

Acordei com minha mãe gritando lá da cozinha que o almoço estava pronto. Bruno já tinha levantado. Fomos à mesa lá de fora. Nossos pais não estavam bebendo as tradicionais ‘cerveja e pinga’ e não estavam com roupas de praia. Os quatro iriam depois do almoço a Florianópolis resolver algum problema de cartório do tio Alfredo. Não teve carne assada. Pra agilizar, mamãe fez uma torta de liquidificador e salada.

Ajudei a recolher os pratos e talheres, enquanto minha mãe e a tia Roberta já estavam lavando e enxugando, apressadas para pegar logo a estrada. Já passava das 14h, o movimento até Floripa seria intenso.

As “tia da praia” iriam passar em alguns minutos. Convidei Bruno pra ir junto à praia conosco. Ele topou. Eu já tava pronta desde quando saí do banho. Ele foi trocar a bermuda de caminhada dele por uma sunga preta e uma camiseta regata horrível. Detesto camiseta regata. Combina com pouquíssimas pessoas. A sunga preta, porém, é o básico – acho que a maioria dos homens ficam gatos com sunga preta. O Bruno é magrinho e alto, a bundinha pequena dele fica fofa demais com sunga preta! Quem aqui não vai à praia especificamente pra ficar de olho nas bundas?

Nossos pais já tinham saído. Pegamos a caixa térmica, jogamos um pacote de gelo, umas duas caixas de latinhas de cerveja e seguimos à praia pra nos encontrarmos com as tias, que acho que já estavam lá, pois não as vi passando enquanto limpávamos a mesa do almoço.

Chegamos lá, estavam as cinco tias já com uma caixa térmica, mas bebendo caipirinha. Nós chegamos com a cerveja. Acho que era Brahma. Quando a gente é nova, bebe qualquer coisa. Hoje me recuso a beber Brahma com a quantidade de opções de ótimas cervejas artesanais.

Tirei minha camisetinha e bermuda, e convidei o Bruno pra dar um mergulho. A praia de Penha, onde estávamos, tem água quentinha e poucas ondas. Praticamente uma piscina. E o bom de estar em turma grande é que dá pra deixar as coisas, tipo carteira, chave de casa, com a galera e ir mergulhar despreocupada.

Fui eu e o Bruno dar um mergulho. Tava uma delícia naquele dia, mesmo tendo amanhecido nublado, a água tava quentinha. Bruno ficava plantando bananeira e eu gostava de ficar boiando. Não tinha onda, então nada de surf ou pegar jacaré. Ficamos cerca de meia hora batendo papo na água, aí bateu a sede. Voltamos pra areia.

Abrimos nossa caixa, pegamos cada um uma latinha. As tia tudo sentadas, umas fumando, outras passando um copo enorme, daqueles feitos de meia garrafa de vidro, com uma caipirinha maravilhosa.

Foi ali que começou. Eu dava um gole, Bruno dava outro, e dá-lhe cerveja em cima. Comecei a ficar alta, bateu a tontura e a xixizeira. Cutuquei o Bruno e falei no ouvido:

– Bruno, preciso mijaaaaaar…!

– Ué, vai Tininha!

– Porra, Bruno, você não precisa mijar não? Vamos pra água, meu!

– Tá bom, Tininha! – levantando meio cambaleante. Acho que tava mais bêbado que eu…

Entrei na água, fui até o nível da água que bate nas “saboneteiras”. Bruno me acompanhando. Só puxei um pouco o elástico da parte de baixo do biquíni, e aliviei. Nossa, a sensação de aliviar o xixi quando a gente tá apurada demais é fantástica. Só perde para um orgasmo!

– Bruno, me diz uma coisa. Fala a verdade pra mim, pra mim você pode. O que aconteceu pra Sandrinha te maltratar só depois que vocês começaram a transar?

– De novo esse assunto, Tininha? Deixa eu esquecer ela!

– Não, Bruno, ninguém mexe com amigo meu!

– Tininha, vira essa página!

– Bruno, a gente tá bêbado, vai… Amanhã a gente esquece essa história. Eu quero detalhes sórdidos, me conta, vai! Quero saber de tudo!

– Tininha, é muito constrangedor, eu tenho vergonha até de lembrar o que me levou a terminar com ela…

– Bruno, você TERMINOU com ela? Você não tinha falado isso!

– Terminei. Já comecei minhas férias solteiro. E terminamos por telefone.

– Porra, mas você é um cafajeste, garoto! Não se termina por telefone! Regra número um do gentleman!

– Mas ela mereceu. Não tenho remorso, e acho que nem ela.

– Vai, o que aconteceu?

– Então… eu tava achando tudo muito divertido. Sabe como é, perder a virgindade é um negócio bom demais! Eu queria transar todos os dias, comprei estoque de camisinha. Foi ela que tomou a iniciativa, lá na casa dela. Clássico, né… aproveitamos a saída dos pais dela, e nosso amasso foi evoluindo até que transamos. Eu não conseguia acreditar, uma gata daquelas transando comigo, um nerd estranho como eu!

– É, a Sandrinha é lindona mesmo, mandou bem Bruno! Mas e aí?

– E aí que começou a ficar complicado transar. Na minha casa sempre tem alguém. Na casa dela a mesma coisa. Aí quando tudo dava certo, ou ela tava com dor de cabeça, ou menstruada. Tentei de tudo…

– Poxa, que triste, Bruno – pra mim, transar não era tão complicado como era pra ele. Saía sempre com caras mais velhos, e era normal morarem sozinhos, ou com pais mais liberais. Na minha casa não rolava, minha mãe era liberal, mas sempre deixou claro pra mim que casa não é motel. Na real, acho que era a forma dela de ser liberal e manter limite.

Bruno continuou – Triste? Isso não é nada. Minha tristeza começou semana passada, quando dei uma passada na casa dela, e ela não tava. Tinha saído pro mercado, que não é muito longe da casa dela. A mãe dela insistiu pra que eu entrasse e esperasse, pois ela logo voltaria.

– A mãe dela é gente fina?

– Sim, a dona Solange é muito querida, gosta de mim. Confia muito. Nem imagina que a gente tava transando. Aí naquele dia, enquanto esperava a Sandrinha voltar, fui na salinha do computador, que ficava ao lada da sala de TV, e resolvi usar o computador, que tava ligado, mas não estava conectado na Internet naquele momento. Tinha uma tela de ICQ aberta*, e a conversa ainda estava lá. Sei que é errado, mas li. Não que eu estivesse vasculhando. A tela estava aberta, e eu li. Eu nem ia mexer no computador. Ela conversava com uma menina, não lembro do nome, mas acho que era alguém da turma dela. O trecho que li me deixou sem chão, meu corpo gelou, fiquei até tonto. Ela falou que não sabia como fazer pra terminar comigo. Que eu era legal e tal, mas sexo tava sofrível. Que eu tinha um problema muito difícil de resolver.

*pausa para esclarecimento – quem viveu os anos noventa entendeu essa. Os computadores não ficavam o tempo todo conectados na Internet. A gente tinha que usar um dispositivo ligado na linha telefônica que fazia um monte de barulhos pra conectar na Internet, e não podia ficar muito tempo conectado, porque saía caro. Tempos difíceis! ICQ era um comunicador instantâneo, um Whatsapp rudimentar.

– Ai, credo, Bruno! Meu, que problema é esse tão difícil de resolver!?

– Tininha, é por isso que eu tô tão constrangido, mas meu… tô bêbado, foda-se, vou te contar. – falando e quase chorando, Bruno baixou o tom de voz – ela disse que o meu pau é muito pequeno, que parece de um bebê. Poxa, Tininha, eu sei que o meu pau é pequeno, mas não precisa contar pra todo mundo!! – avermelhando bem os olhos, mareados de lágrimas.

Confesso que eu acho que fiquei mais constrangida que ele. Nunca imaginei que um garoto pudesse desabafar esse tipo de coisa pra uma amiga. Provou que, embora ele fosse nerd e meio estranho socialmente, ainda cultivava uma amizade profunda comigo. Comecei a entender porque ele tava tão recluso naquele início de férias.

O clima ficou estranho, eu realmente não sabia o que dizer pra ele. Mesmo bêbada, eu ainda mantinha consciência suficiente pra não brincar com isso. Voltamos pra areia com as tias. Continuamos bebendo de forma imprudente pra nossa idade. Ficamos um pouco mais quietos depois daquele papo. Apenas ríamos das piadas da mulherada.

Eu era sexualmente bem mais experiente que ele, mas ainda assim, nunca tinha tido nenhum problema sexual que envolvesse algo mais complexo psicologicamente, portanto nunca tinha me preocupado com nada além da minha própria autoestima, que como toda garota de 16 ou 17 anos, nunca é das melhores.

Não ostentava um corpão lindo. Nunca fui a gostosona da turma nem nada. Tinha uma leve tendência a engordar, por isso cuidava muito de preparo físico. Sempre tive seios grandes, que eu considerava desproporcionais para o meu corpo e cheguei até a pedir pra minha mãe me levar a um cirurgião plástico pra falar sobre redução. Minha mãe sempre buscava o caminho de tentar me fazer enxergar o lado bom disso. Mas sabem como é, nessa idade, parece que nada é suficiente.

Mas tadinho do Bruno! Eu sabia muito bem que não tem como “aumentar” o pau. Eu já tinha visto alguns paus na minha vida, e já tinha alguma noção do que poderia ser “grande” ou “pequeno”. Fiquei remoendo a história, pensando na crueldade da Sandrinha. Ainda bem que ele terminou. Ainda vai achar uma garota legal!

Já passava das 17:30h. Naquele dia meio nublado, o final de tarde começou a ficar frio. Estávamos os dois bêbados, tontos, e com frio. Voltamos pra casa, ele carregando a caixa térmica.

Chegando em casa, bateu aquela canseira de praia com bebedeira, e acabamos desmaiando no sofá, com a TV ligada em algum programa aleatório, ainda de trajes de banho. Ele de sunga, mas sem camisa. Eu tava com uma camiseta bem comprida por cima do biquíni, tinha tirado a bermudinha porque estava desconfortavelmente molhada.

Não sei quanto tempo dormimos. Acordamos os dois, ao mesmo tempo, com o estouro do escapamento de alguma moto que passava na rua. Ele estava sentado, pés no chão, encostado bem no cantinho direito do sofá. Eu estava deitada com a cabeça sobre uma pequena almofada, no colo dele, sobre a coxa.

Passava o jornal local. Era talvez umas 19h de horário de verão, estava ainda claro. Eu ainda tava sob efeito do álcool. Ele, que tava com a cabeça pendida pra trás ao dormir, parecia estar com dor no pescoço.

Não falamos nada. Só acordamos, um olhando pro outro. Ele fez um cafuné perto da minha orelha. Não sei se isso foi um gatilho, não sei se foi a bebedeira. Me ajeitei de uma forma que, agora com as pernas encolhidas, fiquei de rosto perto do rosto dele. O beijo foi como um mergulho em outro mundo. As coisas giravam ao meu redor. O beijo dele ia explorando minha boca. Beijo bem alcoólico, dava pra sentir gosto de bebida.

Aquele beijo foi memorável. Estou conseguindo escrever com detalhes porque marcou demais. Era uma mistura de sensações, pois envolvia algo proibido – ele, um amigo de infância, filho da melhor amiga da minha mãe. Não haveria problema em namorarmos. Mas é que eu tinha namorado! E ele, teoricamente, também. Não era muito certo, e ainda assim, tava rolando.

Meu corpo inteiro levitava. Ele estava vulnerável. Eu segui o fluxo da energia. Paramos o beijo, cara a cara, olhando fundo nos olhos dele. Ele quis falar alguma coisa. Fiz aquele sinal de “shh” com meu dedo indicador na frente da boca dele.

Enquanto eu tava apoiada no braço do sofá, de frente pra ele, com o corpo torto, minha mão direita mergulhou dentro da sunga dele, que era folgada. Sem cerimônias, fui direto no pau dele. Tava muito duro. Apertei, com as bolas junto. Tenho certeza que doeu. Apertei por impulso, por tesão mesmo.

Tirei a mão de dentro da sunga, e falei baixinho – “Tira” – ele entendeu. Baixou a sunga devagarinho, com vergonha. Tava realmente com muita vergonha, tadinho. Ele não tirou a sunga totalmente, deixou nas coxas. Prudente, vai que nossos pais chegassem.

O pau dele saltado pra cima, muito duro, branquinho, veias ao redor meio esverdeadas, quase como varizes. Olhei com atenção, curiosa. Realmente pequeno, bem pequeno. Abracei com a palma da mão direita e os quatro dedos, com o polegar bem na pontinha. Sumiu na minha mão. Apertei, com força, dessa vez só o pau, sem apertar as bolas. Ele respirou mais fundo, me observando quieto. Puxei a pele pra baixo. A cabecinha, cor de chiclete, rosa, pulou brilhante. Nesse momento saltaram as veias. Saiu uma gotinha bem na ponta. Toquei a gotinha transparente, e afastei formando um fiozinho comprido. O pau deu um pulinho. Bruno suspirou mais fundo.

Olhei pro rosto dele, ele olhava minha mão. Desviou o olhar pros meus olhos. Voltei o olhar pro pau dele. Aproximei meu rosto do pau. Dei um beijinho só de lábio bem na pontinha da cabecinha dele e fechei os olhos. “Puta merda, o que fui fazer” – pensei rapidamente, sabendo que agora não tinha volta.

Mergulhei de vez na situação. Saí do sofá. Ajoelhei na frente dele. Puxei a sunga até as canelas dele, e pude abrir melhor as pernas dele. Com a mão esquerda, segurei com delicadeza as bolas dele. O pau deu outro pulinho. Abri a boca formando com os lábios tipo a letra “O”, aproximando-me do pau. Entrou inteiro, até perto da garganta. Tava salgado de praia ainda. Estiquei a língua o máximo que pude, e consegui tocar o saco dele com a pontinha da língua. Aí comecei a pressionar o pau com a parte de trás da língua, formando aquele colchãozinho por baixo do pau, e o pau encostado no céu da boca.

Acho que dá pra dizer que é um privilégio que só homens com pau pequeno têm – uma versatilidade incrível pra qualquer tipo de boquete.

Eu me esforcei pra fazer um um boquetinho lindo pro Bruno. Um menino tão querido, tão bacana, merece um boquete feito com capricho.

Fiz sem as mãos. Apenas segurando o saco com a mão esquerda, eu lambuzei bem aquele pau com saliva. Ele fez um carinho gostoso na minha bochecha, no meu queixo. Respirava forte, mas não gemia. Dava pra ver que ele tava se concentrando e se divertindo.

Quando ele fez aquele carinho, soltei o saco dele, puxei o pau pro ladinho, e comecei a forçar o pau contra a parte de dentro da bochecha, dando aquele desenho do formato da cabeça do pau na bochecha. Escapou. Puxei de volta. Tava muito molhado, escapou outra vez, e quando puxei o pau de volta ele falou “nã…”, e nem deu tempo.

Deu só um espasmo, e tentando segurar, saiu o segundo espasmo. Ali, minhas amigas e amigos, ele metralhou com força. Comecei a rir, meio bêbada, meio voltando à razão. O pau dele pulava e a cada pulo voava uma gota volumosa de porra densa, que fez barulho de gota de chuva quando uma delas acertou o chão. Não sei quantos espasmos ele deu.

Congelamos. Voltamos a si. Ele puxou rápido a sunga, vestiu de volta. Eu não tinha tirado uma peça de roupa sequer, tava de camiseta comprida e biquíni, exatamente como voltei da praia.

Corri para o banheiro. Minha camiseta tinha uma quantidade considerável de porra. Tinha um fio comprido que vinha da testa, passando perto da orelha que fazia a curva até debaixo da minha mandíbula.

Gritei do banheiro – “Vou tomar banho, tá?”. Ele respondeu só – “Tá”.

Minha buceta batia palminhas. Ensopada. Bem na hora da gozada dele, tive sensação de “quase” orgasmo, sem nem mesmo ter me tocado.

Tirei a roupa rápido. Joguei no cantinho debaixo da pia, deixei pronta pra jogar no tanque de molho. Se secasse aquela porra, ia ficar estranho pra mim.

Abri o chuveiro bem quente, me enfiei debaixo da ducha. Fiz bastante espuma com qualquer sabonete que estava por ali. Tirei aquela porra toda do rosto. A tontura da bebedeira foi sobreposta pela adrenalina do momento. Pensei… Caralho, foda-se.

Voltei pelada pra sala. Bruno ainda sentado, ainda em choque, mas de sunga vestida. Ele me olhou pelada, nunca tinha me visto nua. Levou meio que um pequeno susto e ficou congelado.

Falei – “Tira” – num tom do tipo “faça rápido”…

Ele tirou a sunga, pau meio encolhido meio duro, todo babado. Me encaixei de frente pra ele, ele ainda sentado. A penetração foi muito rápida, não havia tempo a perder. Nossos pais podiam estar já na esquina e nem sabíamos. Foi sem camisinha mesmo (tá aí a cagada que vez ou outra eu fazia, embora tomasse anticoncepcional).

Fui ajeitando o ângulo, pra frente, pra trás, não achava o encaixe certo. Na boa, nunca falei pra ele, mas realmente nem senti a penetração direito naquele momento.

Mas aí teve um momento que inclinei o corpo pra trás, fazendo ele esticar as pernas, e nesse ângulo, ele enfiando o máximo que conseguia, o saco tocando meu cu, comecei a fazer pequenos movimentos de oito, deu o encaixe. Não sei do quê com quê exatamente, mas o pau dele tocava uma região da minha vagina, bem no topo, pouco pra dentro da entradinha, que meus amigos…. Não precisou muito tempo, eu precisei de concentração pra seguir me segurando nas pernas dele pra não cair de costas e gozar ao mesmo tempo. Foi um orgasmo forte, de fechar os olhos e prender a respiração.

Voltei pro ângulo ereto, sentadinha de frente pra ele, joelhos no sofá, com o pau dele ainda penetrado. Ele então teve a chance de pegar meus seios. Juntou os dois, deu um beijinho em cada um e encheu meu ego…

– Com todo respeito, Tininha… Que peito lindo!

Dei uma “piscadinha” com a buceta, um pequeno “pompoar”, e ele sentiu e respondeu com um pulinho do pau. Abriu um sorriso. Não gozou de novo não.

Levantei. Voltei pro banho. Saí bem cheirosa, enrolada na toalha. Fui ao meu quarto, vesti uma roupinha leve. Voltei à sala, e ele continuava sentado, novamente com a sunga vestida.

– Bruno, vai tomar banho. Você tá com cheiro de mar, com porra, com buceta, querido…

Levantou gargalhando de rir… Foi ao banho, enquanto fiquei ali na sala.

Bati um papo com ele. Mandei a real – esse negócio de pau pequeno é assim mesmo. Não tem jeito, você vai ter que conviver com isso. Esse é o seu corpo. Vamos manter esse acontecimento entre a gente. Será nosso segredo, a chave da nossa amizade.

Hoje mais madura, eu tenho minha experiência, meus gostos, minhas taras. Mas sei que homem pra ser homem, tem que saber trepar. E mulher também! Mulher tem que saber trepar! Não dá pra deixar a responsabilidade só pra um.

Naquela época, éramos adolescentes, com muito tesão acumulado. Mas se não déssemos jeito de aliviar aquele tesão, aquela transa não teria acontecido daquele jeito. Hoje sei que cada um, numa trepada, é responsável pelo seu orgasmo. Foi o que fizemos na prática, sem a experiência que tanto eu como ele temos hoje. Ele gozou na minha cara, teve o orgasmo dele. Eu voltei lá e busquei o meu orgasmo. O pau dele era pequeno? Era, mas serviu pra eu gozar também!

Homens e mulheres de verdade se entregam ao momento. Autoestima faz parte, cada um tem que resolver a sua. Assim como o orgasmo!

A trepadinha mais rápida de toda a minha vida.

Casada Curiosa  
Olá a todos! Meu nome é Giselle, tenho 30 anos, sou casada, tenho uma filha de 10 anos e um esposo muito maravilhoso, com quem faço sexo bem gostoso. Desde o nosso namoro eu nunca tinha sido infiel ao meu marido, e essa idéia nunca passou pela minha cabeça.
Há alguns meses saí de férias com o meu marido. Moramos em Curitiba e fomos passar uns dias em São Luís do Maranhão, já que queríamos trocar um pouco o frio pelo calor. Minha mãe se prontificou a ficar com a nossa filha, de forma que eu pudesse ficar mais tranquila com o Vinicíus, meu esposo. Antes de viajarmos eu procurei me informar um pouco mais sobre a cultura do povo de São Luís, e de todo o Maranhão em geral. Me chamou a atenção o fato de haver muitos negros, vários deles muito bonitos por sinal. Fiquei empolgada também por Reggae, e disse ao meu marido que eu queria dançar muito quando chegássemos lá.
Finalmente viajamos, e eu estava curtindo muito as praias, os lugares, o povo. Nossa! Fiquei fascinada. Tivemos a oportunidade de fazer vários amigos, e foi justamente um destes amigos que nos indicou um show de Reggae que ia acontecer em uma das praias próximas ao nosso hotel.
Insisti com o meu marido e ele finalmente concordou em me levar. Assistimos ao show e dancei muito mesmo. Os homens me olhavam com muito desejo, já que eu era uma branquinha no meio daquela imensidão de homens e mulheres morenas. Bastava meu marido sair de perto para um negão safado se aproximar de mim e tirar uma casquinha.
Eu estava apenas de biquíni, bem minúsculo, e uma sainha saída de praia de crochê, dançando bem provocativa, e isso bastava para as mãos bobas apertarem minha bunda o tempo todo. Eu já tinha perdido a conta de quantas dedadas eu já tinha levado na minha buceta. E, por incrível que pareça, eu estava adorando aquilo.
É claro que quando meu marido estava do meu lado os caras ficavam mais atentos e mantinham uma certa distância de mim. Eram mais ou menos 8:00hs da noite quando convidei meu marido para irmos para um local fechado que chamou minha atenção.
Percebi que o local era um tipo de boite, bem fechada, escura e entravam e saiam pessoas o tempo todo, quase todos vestidos como nós estávamos, ou seja, biquínis, bermudas e outras roupas curtas e provocantes.
Entrei com o meu marido e logo procuramos uma mesa para nos sentar. Ficamos durante um tempo bebendo, conversando e vendo uma banda de Reggae que se apresentava. O local era muito escuro mesmo, tendo uma pequena iluminação apenas no palco e no bar.
A pista de dança estava lotadíssima, e não demorou muito para um rapaz se aproximar e me convidar para dançar com ele. Meu marido fez “cara de bunda” na hora, mas o garoto deu um sorriso e perguntou a ele se eu podia ir. Olhei para o meu marido e ele entendeu que eu também queria.
Com a permissão do meu marido eu fui dançar com o rapaz. Meu marido não é ciumento e nem desconfia de mim, mas acho que ele estava era com medo das encoxadas que eu ia levar no meio daquele mundo de gente dançando.
Começamos a dançar e logo percebi que o rapaz estava todo suado, mas estava cheiroso, com um perfume muito excitante. Ele era negro, como a maioria dos outros homens, não tinha mais que uns 17 ou 18 anos, e era forte, com os braços e pernas bem malhados.
No início ficamos dançando ali mesmo, perto do meu marido. Mas, depois de uns minutos o rapaz foi me puxando e nos misturamos aos demais. Olhei para o meu marido e ele estava concentrado vendo a banda tocar. O rapaz percebeu também, pois começou a me apertar contra o corpo dele.
Nossaaa!! O som da música, o suor daquele menino cheiroso, a forma como ele me segurava pela cintura, o membro dele crescendo em sua bermuda e me tocando. Tudo isso estava me deixando louca. Não demorou muito e ele encostou a boca no meu ouvido, perguntando o meu nome.
Falei o meu nome e ele falou o dele. Em seguida ele deu um beijo no meu pescoço, bem próximo à minha nuca.
– Ei!!… você ficou doido?… meu marido pode ver! – falei, demonstrando um certo receio.
Ele apenas sorriu e me apertou ainda mais contra ele. O safadinho já estava com uma ereção que parecia querer rasgar sua bermuda de tecido fino. Eu sei que os meninos nessa idade são realmente cheios de tesão, mas ele estava demais. Estávamos dançando há apenas uns dois minutos e aquele pinto ficava cada vez mais duro.
As pessoas ao nosso redor pareciam nem se importar, e meu marido bebia tranquilamente, parecendo hipnotizando observando a banda tocar. Toda a situação começou a me parecer divertida, e resolvi “brincar” um pouco mais com aquele rapaz safadinho e cheio de tesão.
Sou pediatra, e minha vida sempre foi monótoma no trabalho, e sem muitas coisas novas no meu casamento e na vida familiar. Assim, a idéia de me divertir um pouquinho ali naquela boite escura me pareceu muito boa. Meu marido estava distraído, bebendo sua cervejinha. Por que não, né?
O menino me arrastou um pouco mais para o fundo da boite e me apertou contra a parede. O escuro e aquele mar de gente dançando e rindo contribuiam para que ninguém se preocupasse com o que estávamos fazendo. Ele me agarrou com vontade mesmo, fazendo com que meu quadril e minha rachinha ficassem bem na altura de sua pica.
– Guri… meu marido vai te matar, sabia? – falei sorrindo no ouvido dele. O pau do moleque estava duro como uma barra de ferro. Comecei a gemer descontrolada enquanto ele me segurava firme pela cintura e beijava meu pescoço. Me abracei a ele, com meus braços ao redor do seu pescoço.
– Tú e muito gostosa, dona…!! – ele sussurrou no meu ouvido. Eu estava usando um biquíni cuja parte de baixo era muito pequena mesmo, mal cobrindo minha bucetinha toda depiladinha. Levantei minha sainha e coloquei minha pelvis bem em cima do pau dele, e ficamos nos movimentando lentamente. Minha intenção era deixá-lo com mais tesão ainda. – Ohhhhh… a gente não pode fazer isso…!! – soltei um gemido e tentei falar. Mas já era tarde. As mãos dele já estavam na minha bunda, apertando minhas nádegas e me fazendo tremer toda, de tanto tesão que senti. Senti a calcinha do biquíni ser puxada pra cima, entrando todinha na racha da minha bunda.

Não consegui falar mais nada. Enquanto uma de suas mãos apertavam minha bunda, a outra fez com que seu pau saísse pela perna de sua bermuda de tecido fino. “Deus do céu! Não posso fazer isso!”, pensei apavorada. Mas minha buceta estava toda melada, e eu não consigo raciocinar bem nessas situações.
– Menino de deusssss… não faz issoooooo…!! – falei, tentando lutar contra os meus desejos. Ele nem se importou, apenas me deu um beijo na boca e senti seus dedos puxaram a calcinha do meu biquíni para o lado. Ali, em pé e de frente pra ele, espremida contra a parede daquela boite escura, eu cedi. Abri minhas pernas e aconteceu.

O pau dele deslizou entre os lábios molhados da minha xoxota, e fui abrindo minhas pernas mais e mais.- Ohhhhhhhhhhhhh… me perdoa, amorrrrrrrr…!!! – falei baixinho quando o pau do menino encontrou a porta da minha grutinha e afundou pra dentro de mim.

Nossaaaaa!! A pica entrou todinha, fazendo minhas pernas tremerem. Rebolei o corpo, tentando encaixar ainda mais. Procurei a boca dele, e nos beijamos deliciosamente, enquanto ele me abraçava fortemente e começava um vai-e-vem cadenciado e firme, aumentando o rítmo a cada metida.

– Esperaaaaaa… p-p-preciso… v-v-ver meu m-m-marido…!! – consegui falar e empurrei ele um pouquinho, fazendo o pau dele sair da minha buceta e ficar balançando entre minhas pernas. Ele percebeu meu desespero e enfiou a pica na bermuda novamente, enquanto eu ajeitava a calcinha do biquíni.
– Você volta? – ele perguntou.
– S-s-sim… meu deussss… que loucuraaaaa… sim… eu volto…!! – falei e ri completamente sem graça. Saí um pouco tonta no meio daquele mar de pessoas dançando e se divertindo. Quando cheguei próxima ao meu marido vi que ele estava conversando com duas meninas que tentavam vender algo a ele.
“Vai dar tempo!”, pensei e voltei correndo para onde o rapaz estava. Me encostei na parede e ele me abraçou novamente. Ficamos frente a frente, nos agarrando. De imediato ele tirou o pau pra fora de novo e eu mesma puxei a calcinha do biquíni para o lado.
– Meteeeeeee, meu queridoooooo… mete bem gostoso nessa bucetaaaaa…!! – gemi e falei, enquanto o pau do rapaz abria caminho xoxota adentro. Eu nunca tinha transado em pé, daquele jeito, de frente um para o outro. Abri minhas pernas e joguei meus quadris para a frente, para permitir uma penetração bem profunda.
Desta vez o menino meteu em mim com vontade mesmo, mais forte, mais duro. Minha racha estava aberta o máximo que podia, pois ninguém nunca tinha me enfiada um pau grande e grosso como aquele. Além disso, até aquele dia eu só tinha transado com o meu esposo.
Um fogo foi tomando conta de mim. Coloquei minhas mãos nas nádegas do rapaz e o puxei contra mim.
– Fodeeeeee… seu gostosooooo… fodeeeee… mais rápidoooo… por favorrrrr… mais rápidoooo…!! – falei e gemi alto. A música cobria os meus gemidos, e as pessoas ao redor nem ligavam para o que estava acontecendo.
O safadinho estava tarado, e a pélvis dele batia forte contra o meu ventre.
– Ohhhhhhhh… meu deussssss… estou gozandooooo… estou gozandoooooo…!! – gritei e o abracei fortemente. Eu estava tendo um dos mais deliciosos orgasmos de toda a minha vida.
– Nãooooooo… nãoooooooo… por favorrrrr…!! – tentei impedí-lo. Mas eu estava gozando tão gostoso que não consegui detê-lo quando ele arrancou a parte de cima do meu biquíni e caiu de boca nos meus seios. Nossaaaaa!! O guri chupou meus peitos de tal forma que um novo orgasmo me atingiu, me deixando com as pernas bambas.
Os bicos dos meus seios são grandes e rosados, e o rapaz mamou nos dois, alternando entre eles. Enquanto isso o pau entrava e saía da minha buceta, sem me dar tempo nem para respirar. Aquela posição em pé e de frente, e encostada na parede, facilitou para o pênis dele tocar o meu “ponto G”, pois comecei a ter orgasmo um após o outro.

O prazer era tanto que comecei a chorar e sentir uma vontade incontrolável de fazer xixi. Senti que da minha buceta saia um líquido abundante, muito diferente do orgasmo normal. Eu sei que quando o “ponto G” de uma mulher é estimulado, ela literalmente “ejacula” como um homem.
– Já está bom… p-p-preciso voltar para o meu m-m-marido… por favor…!!! – falei e tentei me livrar do rapaz. Nessa hora ele me agarrou mais forte ainda e, mordendo minha orelha, deu umas bombas mais fortes, de baixo pra cima. Ele ia gozar! Ele ia gozar dentro de mim!
“Estou nos meus dias férteis… não estou tomando nada… vou engravidar!!!”, pensei desesperada.
– Tiraaaaaaa… tiraaaaaa… não goza dentro… vai me engravidarrrr…. deus do céu… tiraaaaa!! – falei e o safado nem ouviu, e continuou metendo.
Não tive alternativa, e fiz algo que me doeu até a alma. Coloquei a mão no ventre dele e o empurrei para trás. Em seguida peguei o pau dele com a outra mão e o masturbei rapidamente. Que loucura!!! Bastou umas cinco punhetadas e o pau dele cuspiu porra para todos os lados, atingindo minha racha, minhas coxas e meu ventre.
Rapidamente arrumei meu biquíni (tanto a parte de cima quanto a de baixo) e a minha sainha saída de praia. Saí quase correndo para o banheiro. Com a ajuda de uma menina eu encontrei um banheiro nos fundos que tinha um chuveiro.
Me lavei rapidamente, tirando qualquer vestígio da porra do menino em meu corpo. Depois fui para perto do meu marido.
– Ué… estava com calor? – ele me perguntou com um sorriso.
– Sim… muito calor mesmo, amor!… mas já passou! – falei e o abracei, dando-lhe um longo beijo na boca.
Essa foi a primeira e única vez que traí meu marido, e só por uns oito minutos no máximo. Até hoje fico morrendo de vontade de repetir a dose. Já tive muitas oportunidades, mas a razão falou mais alto que a emoção. Quem sabe na nossa próxima ida ao Maranhão?