Un informe de placer


Anónimo
Estábamos sentados hablando en la cama, te tomabas en serio la vida y noté cada detalle de tu rostro, tus ojos, tu barba, pero sobre todo en tu boca. Mientras hablabas, acariciabas suavemente mi mano, mi muslo y mi pie y esta mezcla de sensaciones me llenó de lujuria y te besé.
Te acostaste y pasaste por encima, con mis pechos ya en tu boca. Luego muerdes mis pezones con la intensidad perfecta, me pones la piel de gallina y con una mano bajas y me tocas. La forma en que me miras me marea. Estoy muy mojada y empiezas a masturbarte de una forma que suaviza mis piernas.
Me quedo ahí un rato, gimiendo en tu oído, hasta que me acuestas a tu lado y sigues tocándome. Mi culo se frota contra tu ya dura polla y empiezo a entrar en un trance muy loco contigo tocándome, tocándome, besándome la nuca y diciéndome un sinfín de perras.
Deslizas tu mano hacia atrás, derrites mi trasero, mi trasero y vuelves a mi brote, que ya está duro. No puedo razonar, estoy completamente abrumado cuando pides y solo digo lo que quieres escuchar: cómeme, por favor. Pedirte que me folles fue una de las cosas más traviesas que he dicho en la cama porque no tengo la costumbre de hacer anal en la vida, mucho menos en la primera cita, en la primera follada, con un completo desconocido.
A veces me pongo un poco tenso y me dices que levante el culo y me relaje. Frotándome, soy yo quien marca el ritmo, además de tu mano en mi coño. Siento que estoy goteando. Sin molestias me doy cuenta de que estás poniendo tu polla y tu gemido me hace querer tanto. Muevo mis caderas y la cabeza de tu polla caliente encaja y me dejas saber que tal vez duele un poco, pero no siento más que una lujuria loca.
Y ahí estoy, completamente emocionado mientras tú lo controlas todo con calma. Estar en tus manos se siente genial. Aumento el ritmo, quiero que entres más, que penetres más, que me comas el culo completamente inexperto.
Estás muy emocionado y empiezas a hacerte más fuerte, narras paso a paso lo que estás haciendo y el dolor que siento divide el lugar con el placer de la siririca, contigo sudando contra mí y con la noción de que estoy siendo un piraña real, gratis, cachonda. Me pides que sea tu putita y en ese momento es todo lo que soy, solo tuyo. Siento que me voy a correr y apenas te lo advierto y todo mi cuerpo empieza a temblar y te aprieto, te haces más fuerte, te corres también.
Solo un breve párrafo, escrito de un tirón, sobre la noche que nos conocimos, cuando vine sin preocuparme ni siquiera por eso, cuando le di el culo a un extraño (jodidamente caliente).
Tengo un cuento sin firmar porque la ficción ha llegado muy lejos aquí.

SU
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