CORDEROS ESPOSO ESCONDIDO


Leticia M
Hola, mi nombre es Letícia, pero puedes llamarme Lê.
Tengo 25 años, estoy casado y desde joven conozco las delicias que un perro puede brindarle a una mujer.
Amo a mi esposo, él me apaga. Pero, cualquiera que haya recibido una deliciosa lamida en el coño de un fiel compañero sabe que no hay nada igual.
Vayamos al cuento …
Era viernes por la noche. Mi esposo estaba en la sala viendo la televisión mientras yo estaba en nuestra habitación leyendo algunas historias y viendo videos sobre el tema. Mi coño estaba empapado e hinchado de lujuria. Me moría por llamar a nuestro perro para que sintiera sus lamidos. Pero como mi esposo estaba en casa, temí que lo viera.
Pensé por un tiempo y solo podría estar a solas con nuestro perro el lunes por la tarde. No quise esperar. Necesitaba correrme en la lengua de mi perro esa noche.
Decidí aprovechar que mi esposo estaba súper concentrado en la televisión. Llevaba un camisón, sin bragas. Salí de la habitación y del pasillo, pude ver a nuestro perro en la habitación. El me miró. Levanté el camisón mostrándole mi coño. Él ya sabía lo que quería. Se acercó rápidamente a mí y me siguió hasta la lavandería, lamiendo mis piernas y meneando la cola.
Mi cuerpo brillaba por él. Me incliné sobre el alféizar de la lavandería con las piernas abiertas. Desesperado por probar mi sabor, metió el hocico entre mis piernas y comenzó a lamer mis muslos e ingle. Pronto comencé a lamer todo mi coño. Se acercó a mi culo tratando de sacar la lengua. Abrí el culo para que pudiera sacar la lengua. Comenzó a lamer metiendo su lengua en mi coño y luego lamió mi pequeña grelinha, que era dura para mi pene, hasta mi pequeño coño y de regreso hasta mi trasero. Estaba temblando de placer. Mi deseo era gemir en voz alta, pidiéndole que devorara mi coño. Me lamió con avidez. Sabía que ese coño era suyo. Yo era tu perro
Me volví para mirarlo y me agaché. Abriendo bien las piernas. Comenzó a lamer mi brote mientras yo acariciaba su cabeza. Bajé a la entrada de mi coño y golpeé mi lengua tratando de sacar más jugo. Puse mi mano sobre su polla, que estaba dura como una piedra. Y siguió lamiendo. No pasó mucho tiempo y me corrí en su lengua. Limpió todo mi disfrute. Me levanté, dejé que me lamiera la boca y le di las gracias. Mi buen chico.
Y esa fue mi aventura nocturna en un viernes muy caliente.

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