Mi cunnhado se comió mi culo virgen


Joven
¡Hola a todos! Mi nombre es Gabriel y tengo 28 años. Siempre pensé que los picos grandes y cabezones estaban llenos de venas, pero nunca imaginé que algún día serían mi delirio. Vivía con mi hermana, un poco mayor que yo. Vivíamos, ella y su esposo Leandro, en la misma casa, ya que esta casa pertenecía a nuestros padres y nos la entregaron después de que mis padres se fueran a vivir a una finca de un tío que había fallecido.
Yo acababa de cumplir 19 años y ningún otro hombre me había penetrado el culo todavía, pero deseaba profundamente que sucediera pronto. Tenía muchas ganas de dar mi rabo, sentir una polla muy gruesa y dura dentro de mí. Pero, al vivir en un pueblo rural, necesitaba esperar el momento adecuado, no exponerme ni desenmascarar a mi hermana y mi cuñado.
Y la oportunidad apareció como por casualidad, de la nada, sin que yo la buscara. Mi cuñado y yo teníamos mucha confianza el uno en el otro y hablamos de varias cosas. Ese día éramos solo él y yo, y se trataba de relaciones entre personas del mismo sexo, cosas así. En cierto momento me preguntó por mí, por qué no tenía novia y todo, y si la tenía, por qué aún no les había presentado a él ya mi hermana.
Me armé de valor y le confesé que era gay, que no tenía nada por las mujeres. También dije que pude disimular muy bien mi deseo por otros hombres, y que solo saldría del armario cuando ya estuviera viviendo en la gran ciudad, por mi cuenta.
Después de ese día, Leandro, mi cuñado, empezó a verme con otros ojos. Ahora me miraba con más cariño, en el fondo de mis ojos, me tocaba los brazos y las piernas cuando estábamos hablando, y cosas así. Todo esto sin que mi hermana se diera cuenta, claro. Hubo momentos en que me rozó el trasero con el palo al pasar detrás de mí, fingiendo ser accidental, pero me di cuenta de que se estaba iniciando un pequeño juego de seducción.
Y esa confianza entre mi cuñado y yo llegó al punto que, cuando se iba a trabajar por la mañana, buscaba la manera de besarme la cara, sin que mi hermana se diera cuenta. Luego besaba a mi hermana en la boca y se marchaba al trabajo, mirándome de una manera muy cariñosa. Estas cosas empezaron a conmoverme. Tanto es así que ya me despertaba por la mañana y me ponía perfume, solo para estar oliendo cuando Leandro vino a mi habitación a verme.
Mi cuñado era un moreno muy fuerte y musculoso, debido a su trabajo de campo. No era feo, de hecho, era muy encantador, con su boca grande y dientes muy blancos, que no dejaba de mostrar a todos. Varias veces lo vi en ropa interior, con el paquete al frente, un rollo fenomenal. No sé si lo hizo a propósito o incluso para distraerse. Lo que importaba era que comenzaba a darme cuenta de que quería comerme.
Unas semanas más tarde, mi otra hermana, menor que yo, se enfermó y mi hermana, con la que vivía, tuvo que viajar para ayudarla a cuidar de su casa y de sus hijos durante unos 10 días o más. Mi cuñado, por motivos de trabajo, se quedaba en nuestra casa, pero la llevaba a la ciudad vecina y luego regresaba. Nada más salir, Leandro subió a mi habitación y me dio un beso, esta vez en la boca. Era la primera vez que me besaba en los labios.

Este beso me dejó súper confundida y angustiada. ¿Leandro también estaba sintiendo algo por mí? Es mi hermana ¿Sería justo que mi cuñado traicionara a mi hermana precisamente con su hermano? ¡Mi deussss! Empecé a sentirme enferma pensando en estas cosas, pero al mismo tiempo una lujuria incontrolable se apoderó de mí. Al final lo decidí. Si mi cuñado quisiera comerme, le daría mi culito muy sabroso. Leandro iba a ser el afortunado que se iba a ganar un culo virgen y muy goloso.
Entonces, mientras mi cuñado se llevaba a mi hermana a otra ciudad, yo estaba solo en casa, muy emocionado, solo preguntándome qué podía pasar cuando Leandro y yo estábamos solos. Me di un baño limpio, me perfumé y solo vestía pantalones cortos de punto, sin ropa interior debajo. Así que fui a ver televisión y leer historias eróticas. Yo era puro fuego, temblando de deseo, de expectación, con una polla muy dura y el ano parpadeando involuntariamente de anticipación.
Alrededor de las 11:00 pm mi cuñado llegó a casa sonriendo, muy satisfecho. Me saludó con un beso en los labios y me habló del problema de salud de mi hermana y demás.- ¡Me voy a dar una ducha …! – Me habló de repente y yo estuve de acuerdo, ya preguntándome cómo Leandro me iba a poner muy sabroso, algo que quería desde hacía mucho tiempo.

  • ¡Gabriel! – Escuché la voz de mi cuñado proveniente del baño.
  • ¡Si estoy aqui! – Respondí puntualmente.
  • Hombre, dejé caer la toalla aquí … y se mojó mucho … ¿puedes conseguir una en la habitación y traerla aquí para mí? – dijo Leandro y fui a llevarle la toalla. Cuando mi cuñado abrió la puerta del baño lo vi completamente desnudo, mirándome intensamente. Su gran polla temblaba, gruesa, hermosa, ya en media erección.
    Sentí un escalofrío subir y bajar por mi cuerpo. Qué delicia de un hombre. ¡Guauu! Le entregué la toalla y me volví para salir del baño.
  • ¡Gabriel, ven aquí! … ¡sécame la espalda! – me devolvió la llamada e hizo esa solicitud. Ni siquiera lo pensé dos veces. Empecé a secarle la espalda, desde atrás, sin detenerme un minuto a mirarle el culo. ¡Mi deussss! Mi cuñado Leandro era muy bueno en este mundo.
  • Dame esa boca aquí … ¡sí! – Se volvió y, en cuestión de segundos, empezó a besarme en la boca, esta vez con lengua, muy sabroso. Le devolví el beso con una pasión impresionante. Llevé mi mano a su polla y estaba dura como el acero, muy caliente y con las venas protuberantes. Me di cuenta de que gimió cuando sintió mi toque en su polla. Qué delicioso trozo de carne palpitando entre mis dedos.
  • Chúpame la polla, cabrón travieso … ¡chupa muy sabroso! – dijo mi cuñado. El hecho de que me llamara “bastardo travieso” hizo que mi fuego estallara para siempre. Incluso sostuvo mi cabeza y me bajó. Le di unos besos en la barriga y abrí la boca al máximo, para agarrar de una vez la rolona que estaba justo frente a mí, oliendo, deliciosos, rollos de travieso macho y devorador. Ese rollo ya había entrado a mi hermana en innumerables ocasiones, y ahora también era mío.
  • ¡Ahhhhhhhhhh …! – Gimió Leandro de puro placer cuando empecé a chuparle el pene, muy despacio, muy babeando y mojado, y eso me hizo temblar de pasión, hasta el punto que la cabeza de mi polla empezó a soltar líquido, con ganas de correrse. ¡Guauu! ¡Qué delicia! Y, para mejorar aún más las cosas, mi cuñado sacó rápidamente su polla de mi boca y luego vino a mi boca, chupando muy sabroso también.
    Mi cuerpo temblaba por todas partes, disfrutando de esa súper deliciosa mamada en mi polla, que era mucho más pequeña y menos gruesa que la de Leandro, pero que además estaba muy dura.
  • Isssss … caraaaaaa … para … ahhhhh … si … no … ya voy! – dije, advirtiendo que mi orgasmo se acercaba demasiado rápido.
  • Vámonos a la habitación entonces, rico … ¡vamos! – Me dijo mi cuñado y nos volvimos a besar, en la boca.
    Casi estábamos corriendo hacia la habitación, estaba desnudo y terminé de quitarme los shorts. Nos acostamos en la cama en los más amasados, besos y manos por todo el cuerpo, hasta que sentí la boca de Leandro bajar por mi espalda y terminar en mis nalgas. Con calma, extendió las bandas de mi trasero y pasó la punta de su lengua por mi trasero. Gemí como una putita, porque era la primera vez que un hombre me lamía el ano.
    No pude soportarlo más. Estaba a cuatro patas y, mientras Leandro me lamía y chupaba el culo, me estaba masturbando la polla con locura, disfrutando de sensaciones que hasta entonces desconocía por completo.
  • Quiero comerme este culo caliente, Gabriel … que delicioso … quiero meterte toda la polla en el culo … ¡ya! – habló mi cuñado, volviéndome aún más loco.
  • ¡Sí, ven … puedes conseguir …! – hablé en voz baja, casi susurrando, sin advertirle que esta sería mi primera vez, es decir, se iba a comer un culo virgen, apretado, intacto, guardado solo para él. Seguí a cuatro patas, con el trasero levantado, y vi a mi cuñado ir a un cajón de la habitación y buscar un tarro de lubricante. Con cuidado, comenzó a lubricar la entrada de mi ano, pasando las yemas de los dedos suavemente, preparando el suelo.
  • ¡Aaaarrgggg … de-va-gaarrrr … Leandrooooo …! – Sentí un poco de dolor cuando mi cuñado deslizó su dedo en mi culo, girándome, abriéndome muy lentamente. Luego metió otro dedo y sentí que mi esfínter se dilataba más, como si estuviera rasgando los bordes de mi ano. Sin embargo, incluso sintiendo este pequeño dolor, mi cuerpo pidió más. Me moví en la cama para chuparle la polla mientras me follaba el culo con los dedos.
  • Listo … pongamos ese culo ahora … ¡ven aquí, ven …! – dijo Leandro y fue acomodándome en la cama. Me paré de espaldas y él encajó entre mis piernas, colocando mis pies sobre sus hombros. Luego insertó la cabeza del palo en el anillo de mi culo e hizo una leve presión. Vi estrellas de inmediato.
  • ¡Aaaaiii … hunnnnfff …! – Grité de dolor cuando la cabeza del gallo me penetró, y el resto del palo amenazó con irme. Sin embargo, la inesperada invasión hizo que mi cuerpo reaccionara y encerró todo.
  • ¡Relájate, Gabriel … vete … cálmate, no te haré daño …! – dijo Leandro mirándome directamente a los ojos. Creo que vio el susto dibujado en mis ojos.
  • Duele, hombre … hunnnfff … duele mucho … aaaaiii … hunnnfff … yo … creo … hunnnfff … eso no es … aiiiiiiiiiii … ¡me voy …! – gemí, pero no le pedí que tomara lo que ya había entrado.
    Leandro se vino con su boca sobre la mía y comenzó a besarme, con su lengua, metiendo su lengua profundamente en mi boca, y también chupando la mía.
  • ¡Hunnnfff …! Dejé escapar un largo gemido, amortiguado por su boca sobre la mía. Su polla subió hasta mi culo, deslizándose, yendo hasta el fondo, abriéndome, muy intrusivo. ¡Mi deussss! ¡Que locura! Lloré como una niña desviada. Dolió mucho en ese momento, pero no tanto como esperaba.
  • Hummmmm … que buen culo … que delicia … apretada … !! – Leandro gimió en mi oído, y lo abracé, dejando nuestros cuerpos más cerca. Puse mis manos en su cintura y le impidí hacer movimientos muy profundos, ya que todavía estaba muy incómodo. Tenía la impresión de que mi culo estaba bien abierto, bastante dilatado, casi desgarrado. Pero lo iba a aceptar. No le iba a pedir que se detuviera en absoluto.
  • Toma solo un poco … hunnnfff … por favor … solo para que pueda respirar … hunnnfff … ¡luego golpeas de nuevo …! – le pregunté a Leandro y lentamente me sacó el palo. Incluso sentí un alivio. Luego puso más lubricante en el anillo de mi ano, untó bien su pene y se me vino encima de nuevo. Esta vez el palo entró bien, deslizándose en mi trasero. Me tragué todo su palo, empalándome en el rollo. Es extraño decir eso, pero así es como me sentí.
    Esta vez el pequeño dolor desapareció y comencé a sentir un placer increíble, con el palo hundiéndose, saliendo un poco y volviendo a entrar. Leandro me estaba follando suavemente, besándome en la boca, en el cuello y diciéndome muchas cosas al oído. Y yo sintiendo su peso sobre mi cuerpo. Cada vez que su polla entraba y salía de mi culo, sentía más placer y menos dolor. Nos quedamos en esa posición durante varios minutos, y mi polla le rozó la barriga, en una deliciosa paja.
  • Quédate a cuatro patas ahora … pincha ese culo caliente … vete … ¡Te lo voy a meter en el culo hasta que no aguante más, Gabriel! – habló mi cuñado y yo estaba a cuatro patas en la cama. En ese momento me estaba sintiendo la más cabreada de todas, sintiéndome como una niña traviesa, la pequeña esposa de Leandro.
  • ¡Hunnnfff …! – Solté un pequeño grito cuando me sujetó fuerte por la cintura y me golpeó la polla de nuevo en el culo. ¡Guauu! Entró muy apretado, muy profundo, ensanchando mucho mi anillo de ano.
  • Meteeee … ve … golpealo todo … hunnnfff … en mi … culo … hunnnfff … vete a la mierda … hunnnfff … perra … !! – dije y Leandro empezó a entrar y salir tan delicioso que vi estrellas, con tanto placer que estaba sintiendo.
  • ¿Te gusta? … ahhhhhhhhh … ¿te gusta, perra sucia? – me dio una palmada en el trasero y me preguntó directamente al oído. Casi me vine con solo escucharlo. Por supuesto, lo estaba disfrutando y nunca quise que ese momento terminara.
    La polla de Leandro me estaba follando como siempre soñé, masajeando mi próstata y llevándome al paraíso. Su bolso chocó con el mío, y él se quedó allí, firme, cachondo, apretándome por la cintura, besándome la espalda y la nuca. Sin poder aguantar más, comencé a sentir un placer interno muy fuerte, que nació dentro de mí y creció.
  • Ahhhhhhhhhhhhhhhh … mi deussssssss … soy … ahhhhhhh … ¡¡gozand … !! – Vine justo como una rampa, un perro en celo, gritando de placer y sin siquiera tocarme la polla.
  • También … voy a … ohhhhhhhhhh … delicioso … también … voy a … disfrutar … ahhhhhhhhhh … culo caliente … estoy … viniendo … dentro de él … .! – Leandro habló y, de repente, se puso rígido.
    Sentí su polla hincharse dentro de mí, palpitando. Luego se quedó en silencio durante unos tres segundos. Y luego vino la leche tibia, llenando mi recto. Incluso me sorprendió la cantidad de esperma caliente que terminó en lo profundo de mi estómago. Leandro gimió como un loco, hasta que me sacó el palo del culo y lo dejó caer sobre mi espalda. Ambos nos reímos de placer y felicidad.

El momento fue de paz, tranquilidad y tranquilidad. Esa noche ambos dormimos abrazados, como una pareja enamorada. Y en los días siguientes le di mucho a Leandro. Me follaba el culo por la mañana, antes de ir a trabajar, y por la noche, antes de irnos a dormir. Cuando mi hermana finalmente regresó, nos preguntó cómo nos habíamos ido sin ella. Respondimos que la echaban mucho de menos, lo cual era una gran mentira, por supuesto.

Desde entonces mi cuñado se pone caliente en mi culo. He tenido otros hombres además de él, pero ninguno se puede comparar con Leandro. Siempre que podemos, estamos juntos. El otro día fuimos al cine, yo, mi cuñado, mi hermana y una amiga mía. ¿Crees que se lo di en el baño del cine, en silencio, para que nadie se diera cuenta? Qué deliciosa corrida. Volví a la película con el culo satisfecho, rezumando semen caliente. Y mi cuñado simplemente lo disfraza, para que mi hermana no se dé cuenta.
Cuando estoy a solas con Leandro le digo que soy su segunda mujercita, el abrazo y el beso de muy buena gana. Me encanta cuando me come violentamente, cuando se pone de pie y me levanta para poner mis piernas alrededor de su cintura. Luego me arroja y yo bajo con el culo en su bastón, al mismo tiempo que nos besamos. ¡Oh, Dios mío! Es mi hombre favorito.

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